Mucha gente insiste en que los chicos no leen. La juventud parece haber dejado atrás el hábito de la lectura para enfrascarse en los celulares y computadoras. La generación está perdida, el mundo está perdido. Pero la realidad es que no es tan cierto como parece a simple vista.
Los chicos leen. Y mucho. No de la misma manera que lo hacíamos nosotros cuando teníamos la edad de ellos, pero no es cierto que hayan dejado de leer.
Leen páginas y páginas de información en diferentes redes sociales, novelas que bajan en sus tabletas o incluso en los teléfonos. Y no solo las novelas que pueden conseguirse en las librerías, sino libros escritos por otros chicos usando personajes de novelas, películas, series que otros describieron antes; o aventuras que les suceden a sus héroes de los deportes o la música.
¿Y por qué es tan importante la lectura?
Bueno, aquellos que escucharon hablar alguna vez de Campbell o Jung sabrán que la humanidad ha sobrevivido gracias a que las historias contadas en los libros, en los fogones, en las escuelas o en los grupos de internet tienen como tronco principal el viaje del héroe y la heroína. Antiguamente el guerrero aprendía el camino de los adultos para luego ir a enfrentar su propio recorrido, su caza, su viaje iniciático, que lo llevaría a ser también un adulto. Y el relato contado por los ancianos nos advertía de los peligros y, casi sin saberlo, abría la cabeza del iniciado para estar alerta, tener nuevas opciones y cambiar los viejos paradigmas por otros nuevos, mejores, más útiles para las nuevas sociedades.
Las historias nos mostraron el camino. Y mucho más que los relatos históricos (también necesarios), los humanos encontramos en las novelas fantásticas (y en ellas incluimos la ciencia ficción, el fantasy, el terror, la leyenda, la fábula, y mil formas más) una manera de engañar al cerebro y que no se cierre a los preconceptos que nos trae la realidad inmediata. Si hablo de la violencia de una persona a otra podría olvidarme de detalles o tomar partido equivocado por el prejuicio que genera la cercanía, el sexo, la condición social o la pertenencia política o social. Sin embargo, al extraer la situación y convertirla en metáfora, aquello puntual que puede nublarnos la razón desaparece y el relato se vuelve claro, universal, alcanza nuestro corazón y nos hace más sabios.
En la lectura encontramos herramientas para manejarnos de forma menos estructurada, nos permitimos volar para luego caminar a paso firme. Los libros nos atraviesan siempre. Cuando dejamos de estar atentos a la línea argumental que nos seduce como sirenas, descubrimos que hay otra historia, otra comunicación que se establece, una que nos hermana y nos afecta emocionalmente. Y entonces un conejo blanco no es un conejo blanco, ni un lobo es un lobo. Lo sabemos, nos divierte saber que hablamos de algo más y nuestra cabeza encuentra nuevos horizontes.
La escritura es quizás la mejor creación del hombre. La lectura es la mejor manera de darles a nuestros hijos todas las herramientas para desenvolverse en un mundo cambiante. Pero no es en la obligación que reside el placer. Y sin placer no hay diversión, ni juego, ni cabezas abiertas. Por eso, mi querido amigo, si tu interés es hacer que un chico lea, buscá un buen libro y leé. Es en el ejemplo, en ver que uno goza, que aquellos que no leen pueden acceder al placer de la lectura. Y es en las historias leídas o contadas, que la humanidad avanzará un paso más. Un paso más hacia dónde quiera. Sin límites. Hasta donde la imaginación le permita soñar.
* Ilustrador y escritor
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