El ladrón sabía todo: por dónde treparse, qué ventana abrir y, principalmente, a qué hora específica no iba a haber nadie en ese departamento. Con la inteligencia hecha y sin testigos, consiguió concretar el robo.
Ocurrido el miércoles, el episodio se dio a conocer en las últimas horas. Aquel día, entre las 20.30 y las 21.30, la mujer de 31 años que vive ahí se había ausentado, por una “rutina fija” que aparentemente el delincuente conocía.
Aunque no fue establecido oficialmente, los investigadores sospechan que fue uno solo el intruso que consiguió acceder al primer piso de un edificio de 62 y diagonal 75, sin la necesidad de romper o forzar la puerta principal.
En cambio, se presume que consiguió treparse por las paredes frontales, hasta acceder a un pulmón interno. Desde ahí, vio su acceso en una pequeña abertura.
“¿Quién va a entrar por ahí?”, pensaba hasta el miércoles la víctima de este robo, que dejó a propósito ese ventiluz abierto.
Nadie vio directamente al intruso, aunque “hubo gente en el edificio que notó una presencia rara”, explicó la mujer. Aquella sospecha quedó sólo en eso.
El delincuente se dedicó a revisar por completo el departamento, con especial énfasis en la habitación, que quedó “revuelta por completo”.
Para la víctima, eso fue señal de que buscaba dinero. Aunque le quitaron una cantidad pequeña de efectivo, lo peor para ella fue todo lo demás.
“Me robaron una computadora que recién me había comprado y la anterior, donde tenía fotos y un montón de cosas personales”, se lamentó la mujer, estudiante de Informática.
Un iPod, una mochila y otros elementos completaron un botín variado para el intruso. Cuando se fue de ahí, aparentemente lo hizo por la misma ventana. Por el momento no hay nadie identificado y el edificio no tiene cámaras.
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