Las críticas contra las restricciones migratorias del presidente de Donald Trump se multiplicaron ayer, luego de que numerosos países, incluyendo a aliados tradicionales de EE UU, describieron las prohibiciones como divisivas y discriminatorias. Nueva York, Boston, Washington, Los Angeles y otras grandes ciudades de EE UU, en tanto, volvieron a ser escenario de importantes protestas contra la polémica orden sobre inmigración. En la mayoría de esos casos, las marchas estuvieron respaldadas por las autoridades locales, que se oponen frontalmente al veto temporal a la entrada de refugiados y de ciudadanos de varios países de mayoría musulmana decretado por la Casa Blanca.
En este marco, varios gobiernos del mundo censuraron el decreto de Trump. En Alemania, que ha recibido a gran cantidad de refugiados que huyen de la guerra en Siria, la canciller Angela Merkel afirmó que la lucha global contra el terrorismo no era excusa para las restricciones y “no justifica poner a personas bajo una sospecha generalizada sólo por su origen o su fe (religiosa)”. Merkel expresó esa preocupación a Trump durante un llamado telefónico el sábado y le recordó que la Convención de Ginebra requiere que la comunidad internacional acepte a refugiados de guerra por razones humanitarias.
La posición de Merkel coincidió con la opinión de gobiernos en París y Londres. “El terrorismo no conoce nacionalidades. La discriminación no es una respuesta”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, mientras que su par británico, Boris Johnson, afirmó en Twitter: “Es divisivo y equivocado estigmatizar a alguien por su nacionalidad”. Junto con Siria, la prohibición estadounidense afecta a viajeros con pasaportes de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.
Trump dijo que su decreto, que veta indefinidamente el ingreso de refugiados de Siria, no es “una prohibición contra los musulmanes”, pero añadió que buscaría dar prioridad a cristianos que estén intentando escapar del país asediado por la guerra. Los aliados árabes de Washington, como los estados del Golfo Pérsico y Egipto, optaron por permanecer en silencio.
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