En la víspera se cumplieron 23 años de la obtención, por parte de Gimnasia, de la Copa Centenario, un acontecimiento que dibuja una sonrisa en los Triperos cada 30 de enero, recordando la calurosa tarde del año 1994, que finalizó en una multitudinaria celebración que comenzó en el estadio del Bosque y se desparramó luego por toda la ciudad.
Los Triperos, que llenaron el estadio en la gran final con River Plate, y quienes no tuvieron la posibilidad de ser testigos directos, siguieron el juego a través de la televisión, explotaron de alegría al soltar el grito de campeón contenido, esta vez ya en la era profesional.
En aquella tarde de verano, con el termómetro trepando a los 30 grados, como en la víspera, no hubo nada que se interpusiera entre el Lobo y la justa coronación como campeón de la Copa Centenario, un torneo oficial organizado por la AFA para festejar sus primeros 100 años de vida.
La conquista resultó muy significativa para los fanáticos de Gimnasia. En primer lugar, porque en el camino a la gloria eliminó a Estudiantes, su clásico rival, y en segundo término, ya que se trató de un certamen especial, del que tomaron parte todos los equipos de Primera División, en el contexto de un festejo de suma relevancia en su momento para la historia de nuestro fútbol.
La Copa también ganó preponderancia por otros dos hechos no menores: superó en la final a un gran River, dueño de un fútbol magistral en aquella década, y lo hizo en el escenario más caro al sentimiento de los gimnasistas, el viejo estadio de 60 y 118.
Fue 3 a 1, con goles de Hugo Guerra, Pablo Fernández y Guillermo Barros Schelotto, victoria sin espacio para la discusión.
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