Fueron apenas 35 minutos y 41 milímetros según los datos oficiales. Alcanzaron y sobraron para que amplias zonas céntricas y también de la periferia de la Ciudad se anegaran con una rapidez que asusta.
Una lluvia torrencial -como suele ocurrir con las tormentas de verano- que además de las complicaciones de todo temporal, dejó en evidencia no sólo que a las obras para evitar inundaciones les falta mucho, sino que también se falla en la prevención; en el anticipo con acciones que ayuden a paliar consecuencias más graves.
Lo ocurrido en Plaza Italia, o en la rotonda de 7 y 32 tiene una sola explicación: sumideros tapados por falta de limpieza.
En la periferia el problema fue más complicado: zanjas tapadas por basura y por yuyos sin cortar y en la zonas en las que existen, sistemas de desagües pequeños y sin mantenimiento para facilitar el escurrimiento del agua.
Lo de ayer, por suerte, no fue grave, pero fue un aviso. Un alerta que no habría que olvidar ni minimizar tan fácilmente.
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