Las altas temperaturas que reinan en estas jornadas -sumadas a la alerta naranja que emitió el Servicio Meteorológico Nacional- parecen factores suficientes como para que la población conozca la importancia de adoptar recaudos destinados a evitar insolaciones. Por su parte, como se sabe, el ministerio de Salud bonaerense aconsejó a los adultos y niños a tomar agua, aún sin tener sed, y a no realizar actividades físicas durante las horas pico, para prevenir los efectos adversos de las elevadas temperaturas.
Se indicó que, si bien el calor insoportable de las primeras horas del año comenzó a ceder, el Servicio Meteorológico Nacional mantiene el alerta naranja, renovándose recomendaciones contra el golpe de calor que afecta a bebés, ancianos, individuos con enfermedades crónicas y aquellos que se someten a una actividad física intensa con altas temperaturas.
Los especialistas explicaron en estas jornadas que cuando la producción de calor supera los mecanismos fisiológicos normales de regulación de la temperatura corporal, se produce el llamado “golpe de calor”. Esta situación, lejos de ser un cuadro banal, puede provocar desvanecimientos y pérdida de conciencia. Asimismo se sugirió que, frente a la persistencia de las altas temperaturas, es fundamental amamantar a los bebés con mayor frecuencia y mantenerlos a la sombra, en lugares ventilados.
También los mayores de 65 años tienen mayor riesgo, por eso se les recomiendan que beban agua con frecuencia, aun si no tienen sed, y que eviten salir en horas pico, es decir, entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde, pero, si no tienen alternativa y deben salir, es aconsejable que lleven una botellita con agua y que circulen por la sombra sin prisa.
Las fuentes médicas enfatizan acerca de la importancia de cuidar a los menores de edad no sólo de las quemaduras que pueden producirse como consecuencia de la radiación solar, sino también de los “golpes de calor” y las complicaciones que pueden generar. Y aunque los adultos mayores son muy susceptibles a padecerlo, los niños se encuentran entre los más afectados, sobre todo porque sin el control de los padres ellos no suelen darse cuenta cuando al jugar o disfrutar de las piletas o la playa pasan muchas horas al sol o se sienten cansados.
Pero es evidente que en muchos casos no relacionados, por ejemplo, las simples exposiciones solares, además de impulsar mecanismos de prevención y de eventual tratamiento, el Estado debería ocuparse de modificar estructuralmente el hábitat muchas veces inhumano, en el que viven miles de niños y ancianos obligados por las circunstancias. Se habla de familias numerosas, integradas muchas veces por ciudadanos que carecen de posibilidades de acceder a condiciones de vida más dignas, en situaciones que no colaboran precisamente para que puedan adoptar recaudos preventivos mínimos.
Es por eso que la prevención en estos casos debe hacerse también casa por casa, a lo largo de todo el año, aprovechándose esas ocasiones para formar agentes sanitarios entre los mismos vecinos que conocen mejor que nadie su propia realidad. Evitar quemaduras de sol o insolaciones, sobre todo a los menores y a las personas entradas en años, puede depender en gran medida de campañas sanitarias desplegadas a tiempo y con eficacia.
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