En la reunión de ayer en la puerta de la seccional, el comisario reconoció que en el episodio del domingo los delincuentes “robaron alguna que otra cosa”, pero remarcó que “más que un problema de inseguridad, la situación se dio por una rivalidad en el barrio entre argentinos y bolivianos”.
En efecto, hubo agresiones xenófobas en el medio de los fierrazos, cascotazos y puñaladas: “Ustedes no tienen pisada acá”, le gritaron a Ramiro dentro de su propio domicilio. Tanto de su casa como de la de enfrente, el grupo llegó a sustraer algunos elementos de valor, aunque quedó en claro que su interés pasaba por otro lado.
“Se trepaban a las paredes como los monos y rompían todo lo que tenían a mano, sin importarles que hubiera nenes chiquitos”, expresó Mario, con el terror en la voz y la mirada.
Mientras todo ocurría, “la policía se acercó pero se fue rápido porque había mucha gente y podían tener problemas ellos también”, denunciaron las víctimas.
Más allá de este caso puntual, en el barrio “son comunes los robos dentro de casas”, sobre todo en la modalidad de ingresar a escondidas en los patios. El clásico “escruche”.
También parece instalada la modalidad del “peaje”, en el que cualquiera que pase por donde se concentra un grupo tiene que dejar algo de plata para evitar problemas.
Todo se caldea aún más cuando se contempla que los ladrones y vándalos comparten calles con sus víctimas. Algunos viven a la vuelta de donde se dieron los incidentes del domingo.
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