El escritor argentino Ricardo Piglia falleció esta tarde en la ciudad de Buenos Aires, a los 75 años de edad, tras padecer durante varios años Esclerosis Lateral Amiotrófica una enfermedad que terminó provocándole serias dificultades para trasladarse e incluso para poder escribir. El autor, que originalmente se graduó en la carrera de Historia, se convirtió en uno de los referentes de la literatura argentina gracias a las distintas obras que realizó.
Su fama como reconocido literato le permitió dar cátedra en la Universidad de Princeton (EE.UU.) en donde tuvo a cargo la materia de literatura Latinoamericana. La vuelta de la democracia también le permitió dar clases en distintas altas casas de estudios del país.
La salud del autor de "Plata quemada" y "Respiración artificial", entre otras obras, se había deteriorado en los últimos tiempos debido a la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una patología que lo había llevado a enfrentarse con un servicio de medicina prepaga que se negaba a proveerle los medicamentos necesarios para tratarla.
Ricardo Emilio Piglia Renzi nació el 24 de noviembre de 1941. Su muerte enluta al mundo de las letras a poco de haber sido publicada la segunda parte de esa obra total que conforman "Los Diarios de Emilio Renzi"; alter ego que atravesó con mayor o menor asiduidad su trabajo y que comenzó a delinear hace 57 años como por obra del azar, cuando tomó un cuaderno y en medio de una mudanza que lo obligaba a abandonar con sus padres su ciudad natal de Adrogué, anotó las primeras observaciones sobre su propia vida.
Esos diarios, tarea titánica que implicó un inmenso trabajo de relectura y edición que lo mantuvo ocupado hasta el fin de sus días, son el legado más cercano que deja Piglia a sus lectores: el presente constante de un narrador en estado puro, siempre interviniéndose a sí mismo.
Caracterizada por los cambios de registros y estilos, la escritura profana de Piglia funcionó como radiografía de época y, mejor que nadie, encarnó ese borramiento de bordes con textos que destilaban pura literatura más allá del género en el que pudieran encuadrarse y de la insistencia con que los cruzara.
De esta manera, su huella trasciende la novela para alcanzar el cine -como guionista y a partir de su propia obra en el caso de la taquillera "Plata quemada"; pasa por la pantalla chica, donde ofreció una gimnasia similar a la del claustro y el ensayista, con programas como "Borges por Piglia"; y se inmisculle hasta en la ópera, para la que adaptó "La ciudad ausente".
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