El suelo platense se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en un territorio fértil para el crecimiento de la venta clandestina en el espacio público. Y el de las “verdulerías ambulantes” es uno de los rubros con más notorio crecimiento.
Ello, pese a que los productos que se ofrecen representan un riesgo para los consumidores, debido a que los alimentos no son sometidos a ningún tipo de control bromatológico. Hace poco dirigentes de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires advirtieron que “no hay ningún tipo de control” bromatológico sobre las frutas y verduras que se venden en la calle.
Por ese motivo pidieron controlar esta actividad ya que se ponen en circulación “partidas que fueron rechazadas por exceso de pesticidas o herbicidas, y que pueden hacerle daño al consumidor”.
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