El Gobierno elude mostrar un rostro exitista, pero los datos electorales y económicos lo favorecen.
Por primera vez en la gestión de casi dos años del presidente Mauricio Macri, las amenazas de gobernabilidad se han desdibujado y aparece por delante un horizonte promisorio.
El tiempo de las grandes reformas que avizora el oficialismo estarían por venir, en especial las económicas.
HUMOR
La recuperación y el humor de los negocios no obstante, no ha cesado la hostilidad de buena parte del “mercado” y el establishment que cuestiona su estrategia y de no ir más rápido con la baja del gasto y la reducción de impuestos.
El alto endeudamiento y el salto de las importaciones han encendido nuevas críticas, que cuestionan la fortaleza de la mejora económica y si es sustentable en el tiempo.
La “fiesta” financiera, con más deuda e importaciones, con dólar atrasado es un mix de política económica con mala prensa y peor aún, con resultados que terminaron en fuertes crisis en el pasado.
El alto endeudamiento y el salto de las importaciones han encendido nuevas críticas, que cuestionan la fortaleza de la mejora económica y si es sustentable en el tiempo
Hay despegue económico, pero sobre la base de deuda pública, déficit externo y déficit fiscal. No parece una buena agenda de cambio.
La historia de la Argentina lo confirma.
FUERZA POLITICA
Y estas demandas desde los negocios crecen, precisamente con la mayor fuerza política que muestra del Gobierno.
Aunque puertas adentros, el oficialismo se inclina cada vez más a darle larga vida al gradualismo, el sistema que consideran les dio éxito para evitar una crisis y un ajuste económico con alto costo social.
¿Cuánto más y por que tiempo? Tanto el ministro de Finanzas, Luis Caputo, como el de Hacienda, Nicolás Dujovne, imaginan al menos los próximos dos años de acceso a los mercados financieros para cubrir el rojo fiscal. .
El ingreso de dólares no es malo por sí mismo.
El punto es que el rebote económico aparece vulnerable al financiamiento externo por las “malas razones”: la inversión externa aporta apenas un tercio del rojo de la cuenta corriente del balance de pagos, entre lo que entra y sale.
Los otros dos tercios es mayor endeudamiento.
Hay despegue económico, pero sobre la base de deuda pública, déficit externo y déficit fiscal. No parece una buena agenda de cambio
En palabras más sencillas, el país gasta más de lo que produce y la diferencia se consigue obteniendo dólares en el exterior.
En los primeros meses del gobierno, el plan de Macri fue conseguir un shock de inversiones.
Pero esa ola no llegó. Y el faltante debió buscarse con colocación de nueva deuda.
El Gobierno cree que este no es un problema y que el nivel de la deuda es manejable.
La deuda bruta sería este año equivalente a 58% del PBI e iría subiendo cinco puntos más hasta llegar a 63% en el 2020.
Pero luego bajaría por las reformas, la baja en el gasto y el crecimiento económico que proyecto el oficialismo: en el ’24 la deuda sería de 59% del PBI.
IMPORTACIONES
La luz de alerta, de cualquier manera, que despertó las renovadas críticas son el salto de las importaciones y el estancamiento de las exportaciones.
El desequilibrio alcanzó a 4.500 millones de dólares en los primeros ocho meses del año, que suponen un fuerte salto respecto a lo ocurrido un año atrás.
Los datos confirman los problemas de competitividad que sufre el país desde hace ya mucho tiempo, aunque hoy mucho más evidentes.
Las ventas a Brasil, por ejemplo, subieron casi 5% en el último mes. Pero las importaciones lo hicieron al 26%.
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