Hoy a las 20, en la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino, 51 entre 9 y 10, continuará el Ciclo de Cámara Profesores del Teatro Argentino con un concierto íntegramente dedicado a la ejecución del Cuarteto para el fin de los tiempos, para violín, violoncello, clarinete y piano, de Olivier Messiaen.
Intervendrán Costanza Goldenberg Thiery (violín), Verónica Almerares (violoncello), Denise Boudot (clarinete) y Sebastián Boeris (piano).
A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Messiaen fue reclutado en el ejército como auxiliar médico y en mayo de 1940 fue capturado en Verdún y trasladado al Stalag VIII-A (abreviatura de Stammlager, campo de prisioneros de los alemanes), ubicado en Görlitz (Silesia). Allí el músico conoció a otros tres cautivos, el violinista Jean le Boulaire, el clarinetista Henri Akoka y el violoncellista Étienne Pasquier. Él mismo se sumó al piano para interesarlos en la ejecución de una obra cuya plantilla, un tanto insólita, se justificaba por tener que atenerse sólo a lo poco que estaba disponible.
El 15 de enero de 1941 el Cuarteto tuvo su primera ejecución ante un auditorio compuesto por cinco mil prisioneros y guardias. “Nunca más volvería a ser escuchado con una atención tan absorta y una comprensión tan plena”, dirá Messiaen. Y describirá con detalle las precarias condiciones en las que se llevó a cabo aquel concierto: “El frío era atroz, el Stalag estaba cubierto por la nieve. Los cuatro músicos tocaban con instrumentos rotos. Nuestras vestimentas eran inverosímiles: se me había disfrazado con un traje verde hecho jirones y llevaba puestos zuecos de madera”.
Tal como el autor lo anota en la partitura, el Cuarteto para el fin de los tiempos se inspira en una cita del Apocalipsis de San Juan (X, 1-7): “Vi entonces otro ángel vigoroso que bajaba del cielo envuelto en una nube; el arco iris aureolaba su cabeza, su rostro parecía el sol y sus piernas columnas de fuego. Plantó el pie derecho en el mar y el izquierdo en la tierra, levantó la mano derecha al cielo y juró por El que vive por los siglos de los siglos, diciendo ‘se ha terminado el tiempo’. Cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta, el misterio de Dios llegará a su término”.
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