Que más agregar a todo lo que se ha dicho en las últimas horas. Que elogio buscar. De donde sacar definiciones originales para describir la noche inolvidable del mejor del mundo. Quedan, eso sí, preguntas a las que no resulta fácil encontrarles respuestas: ¿Cómo pudimos sufrir tanto teniendo a Messi?, ¿Corregiremos de aquí a lo que nos queda para afrontar la cita máxima del fútbol mundial los tremendos errores cometidos? ¿Podrá Sampaoli terminar de diseñar el acompañamiento adecuado que requiere el genio?
El rosarino jugó el partido que le faltaba con la camiseta de la Selección después de masticar impotencia durante mucho tiempo sin alegrías. Por eso que es difícil entender como con tanto talento a disposición se llegó al borde del abismo. El 10 se puso al hombro al equipo en el momento más delicado, con mucha convicción, con pincelazos de lujo y la convicción que hacía falta para torcer el rumbo. Resulta increíble todo lo que hubo que sufrir, cuantos golpes sufrir y malos momentos padecer con Messi de nuestro lado.
Sampaoli, uno de los hombres seguramente más envidiados del mundo del fútbol por dirigir un equipo que tiene en sus filas a Lio, deberá de una vez por todas, de aquí a junio, encontrar la entidad del equipo. Forjar los acompañamientos indispensables para sacarle el mejor provecho al “as de espadas”, fomentar una base con jugadores a los que no cambie todos los días y apuntar al rescate de una Selección golpeada y criticada como pocas.
Está demostrado que Lio solo pude hacer mucho, pero si lo respaldan un poco es capaz de todo. Y lo demostró cuando el martes en Quito la Argentina perdía el partido decisivo de la Eliminatoria al minuto de juego. Le peleó a una situación límite y angustiante con herramientas notables hasta coronar la patriada con la clasificación. Ahora para la selección es el momento de empezar a recorrer otro camino tan difícil como el que debió afrontar durante ese suplicio llamado Eliminatorias. Messi nos está marcando el rumbo, el resto deberá aportar cada uno lo suyo para llegar de la mejor manera al máximo examen que el fútbol rinde cada cuatro años.
En los últimos tiempos y por variados motivos la Argentina pasó de ser un fútbol admirado al peor de los bochornos. Resultaría demasiado ambicioso pretender que en los ocho meses que faltan para la Copa del Mundo las cosas se enderecen totalmente. Pero sí resulta imperioso, entre otros aspectos, volver a las fuentes, trabajar como se debe con las juveniles, explorar debidamente en el fútbol local para armar los futuros planteles mayores y no solamente poner la mira en el exterior. Es la hora de que los que manejan el fútbol –dirigencial y técnicamente—se pongan los pantalones largos para borrar una de las rachas más negras que nos ha tocado atravesar.
Es momento de festejar por el logro de una meta que, por momentos, parecía irremediablemente inalcanzable pero también para reflexionar de cara a lo que viene. ¿Para qué queremos ir al Mundial si no? La cuenta regresiva ya empezó: sacar conclusiones de lo ocurrido para no repetir errores y ser coherentes con nuestra historia es un deber ineludible...
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