Derechos sin derechos
María del Carmen Pascual afirma: “No entiendo a ciertos ciudadanos, pidiendo derechos sin Derechos. Por un lado hacen una toma de colegio, jovenes, reclamando Derechos para ellos sin respetar sus propios derechos y lo de los demas. Los piqueteros hacen manifestaciones para reclamar sus derechos y se olvidan los derechos de los demás .Es decir de los propios. Algunas autoridades, políticos, jueces, ciudadanos comunes, autoridades eclesiásticas, ¿qué derecho defienden? ¿Qué hacemos los adultos? ¿Qué rol cumplen los padres?... Los jovenes de hoy serán las autoridades, los políticos, los jueces los ciudadanos comunes, las autoridades eclesiásticas, los padres del futuro. Entonces seamos justos, honestos. De ahí que tomo esta frase del Marqués de La Fayette: ´El derecho y el deber son como las palmeras: no dan frutos si no crecen uno al lado del otro´.”
Un modelo que “se extingue”
Andrés Salinero sostiene: “´Si me vienen a detener le vamos a prender fuego la Provincia´”, disparó con anacrónica impunidad Juan Pablo Medina cuando se vio acorralado por las fuerzas legales de la Democracia, las mismas que siempre despreció en función de sus viles intereses materiales.La patética lógica binaria del ‘ellos o nosotros’ que ha marcado con sangre la historia de nuestro país durante todo el siglo XX está perfectamente sintetizada en esa tristísima frase, así como el odio de clase y la entronización de la violencia como sintaxis política que, en nombre de la defensa del derecho de ‘los trabajadores’ (esa entelequia), siempre ha ejercido el sindicalismo argentino. Pero este modelo tan criollo del ‘ellos o nosotros’ finalmente se ha resquebrajado, no resiste ni se adapta a los nuevos tiempos políticos, finalmente signados por una profundización de las prácticas democráticas. Ya lo dijo nuestro ilustre Joaquín Víctor González en 1918, en su archifamosa ‘Lección de Optimismo’: ‘…los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que les sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo’.”
La “Autovía 22”
Gerardo A. Zoroza afirma: “En Altos de San Lorenzo, sobre la ´Autovía 22´ entre 72 y 80, los groseros baches que obligan a los vehículos a realizar marcados y continuos zigzagueos, no constituyen, a mi criterio, el mayor problema. Es más grave el hecho, constatable a simple vista, de ser una calle de barrio con doble mano de circulación, donde de facto está prohibido estacionar, salvo que sea ocupando parte de la vereda y por donde transitan en ambos carriles vehículos de pequeño, mediano y gran porte, incluyendo transporte público de pasajeros, donde se viola el límite de velocidad permitido en forma recurrente y donde parece que frenar o ceder el paso son vestigios de otro tiempo. La única razón por la cual no se producen más accidentes es, sin duda, por la protección de la Santísima Virgen de Fátima y San Lorenzo, Patronos del Barrio. Ruego a los sres. inspectores de tránsito apostarse con un radar medidor de velocidad portátil y seguramente, en pocos días, podrán generar recursos suficientes para el bacheo y reasfaltado, no sólo de la ´Autovía 22´, sino de otras arterias cercanas.”
Sospechas
Juan Antonio Vazquez dice: “Una canción declara: ‘Sospechas de mí / que soy infiel / piensas que te engaño./ Entre tú y yo se muere el amor / por la terrible desconfianza/ etc.’. Otro canto cree: ‘Sospecha, es padecer / etc.’. En la República Argentina, cerca de los años 1970 a 1980, los jóvenes que tenían pelo largo y barba eran sospechosos de estar en la guerrilla o subversión; después y ahora, incontables jóvenes son sospechosos de ingerir alcohol y drogas, estar en la delincuencia y de violar leyes de tránsito. En los poderes judiciales cuando se procesan a personas se sospechan que habrían cometido contravenciones o delitos. En las escuelas, los profesores vigilan a sus alumnas/os porque sospechan que se ‘copian’ en los exámenes y pruebas escritas. Cerca de los estadios de clubes afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino, los policías revisan y ‘cachean’ a los espectadores porque sospechan que tendrían armas o cosas para provocar violencias. Muchísimos policías están sospechados de haber cometido corrupciones, delitos e irregularidades administrativas. Mi enfoque agnóstico: ¡Parece que la Humanidad es sospechosa de cometer pecados!”
Igualdades únicas
Javier A. Rodríguez expresa: “Considero que si ciertos argentinos, quisiéramos ofrecerle algo de lo nuestro al mundo, primero deberíamos esforzarnos en intentar conocernos, pero posiblemente empezando desde bases, planos, diseños e ideas y sentimientos surgidos desde nuestro país, porque no creo que sea realmente útil, (al menos para algunos) ser diferentes a nosotros mismos. En fin, es sospechoso que estemos hablando de independencia, cuando aunque sea para unos pocos, todavía no se hubiera inventado un lenguaje, una religión o formas y acciones verdaderamente distinguibles como de Argentina. Pues bien quizás, estaríamos tan cómodos o atrapados en mentiras que, creeríamos avanzar cuando retrocedemos. En definitiva: si hubiésemos estado en lo correcto, la mayoría de los jubilados se encontrarían como liberados o en la felicidad, y sin embargo, parecería ser todo lo contrario. Finalmente en parte, al parecernos o copiarnos tanto, también trabajaríamos para que cada persona, fuera como un ‘mundo’”.
Globalización
Domingo Martínez opina: “Ninguno de los siete mil cuatrocientos millones de humanos somos iguales. Ni lo somos genéticamente ni en cualquier otro aspecto, por más que nos sirvamos de unos mismos derechos o mantengamos comportamientos similares en esta época presidida por la globalización del modelo occidental. Somos diversos, y en dichas diferencias ha de encontrarse la raíz de cualquier avance, a lograr por cada sujeto y sobre sus propios medios y el sino de su vida, sirviéndose de ejemplos humanos que tanto contribuyen a coronar cada una de esas metas. No admitir esta verdad de perogrullo es no haber entendido nada. O, lo que es peor, caer en el disparate.”
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