Un mar de voces se levantó y Hollywood ya no se puede hacer el distraído: hay un monstruo en casa, y Harvey Weinstein no es su nombre, sino, meramente, una de sus muchas cabezas. Una realidad que asoma con mayor contundencia a medida que más voces se levantan para denunciar acosos en la industria del cine y revelan cómo el abuso de poder y las tramas para ocultar a los poderosos estaban naturalizadas en Hollywood.
Es que el problema del abuso en Hollywood es endémico, histórico: Weinstein no es una aberración del sistema sino el reflejo de una industria que ayudó a erigir a la mujer en objeto de deseo, y que a la hora de los salarios y los premios continúa postergandola: en toda la historia, apenas una mujer cineasta se llevó el premio a mejor directora en los Premios de la Academia, una institución dominada por miembros varones.
La Academia terminó echando a Weinstein, para “enviar un mensaje sobre que la era de ignorancia obstinada y complicidad vergonzosa con el comportamiento sexual predatorio y el acoso en los empleos en nuestra industria se ha acabado”
La Academia terminó echando a Weinstein, para “enviar un mensaje sobre que la era de ignorancia obstinada y complicidad vergonzosa con el comportamiento sexual predatorio y el acoso en los empleos en nuestra industria se ha acabado”, pero la medida y el comunicado asomaron demagógicos, a la luz de que entre sus más de 8 mil miembros se encuentran otros culpables de abuso notables como Roman Polanski, quien se declaró culpable en la década de 1970 de embriagar, drogar y violar a una niña de 13 años, o Bill Cosby, quien ha enfrentado decenas de acusaciones por abuso sexual.
¿CAMBIOS?
“Finalmente el grupo que tiene entre sus miembros actuales a Roman Polanski, Bill Cosby y Mel Gibson descubrió al tipo que ha tratado mal a las mujeres y lo corrió”, dijo el presentador John Oliver en su programa con ironía. “Así que felicidades Hollywood. Nos vemos en los próximos Oscar cuando, y es verdad, Casey Affleck (otro acusado de abuso que llegó a un arreglo privado con las supuestas víctimas) entregue el premio a la mejor actriz”. ¿La respuesta de la Academia a estos cuestionamientos? “No seremos una corte inquisidora”, dijo el presidente John Bailey.
La declaración de Bailey cayó mal por su contundente pasividad y por comparar, aunque fuera de modo involuntario, otras cazas de brujas en Hollywood (como la que vivieron los miembros de la industria partidarios del comunismo durante la Guerra Fría) con el abuso sexual. Y sus palabras irrumpieron en medio de las muestras políticamente correctas de la industria por mostrar su deseo de llegar al fondo de la cuestión: si hasta Ben Affleck y Matt Damon, apuntados por varias víctimas de ayudar a encubrir las transgresiones de Weinstein, le soltaron la mano al productor.
Al hacerlo, sin embargo, los actores revelaron el verdadero problema de Hollywood: el encubrimiento de un abuso sexual en un set de filmación es tan monstruoso como el hecho mismo, el acto de silenciamiento igual de violento, al menos simbólicamente, para la víctima, y la cantidad de hechos y la longevidad de los abusos de Weinstein revelan el perverso sistema que garantizó la impunidad de Weinstein y tantos otros.
Pero el sistema terminó por quebrarse con las denuncias contra el productor: como ocurriera el año pasado en Argentina, cuando se reveló el lado oculto del rock al conocerse una serie de denuncias contra diversos músicos nacionales que habían naturalizado los abusos en el detrás de escena, la ola de historias destapó la olla y la industria recobró la memoria y recordó los permisos que se daba Ben Affleck en algunas entrevistas, por ejemplo. Aparecieron, además, nuevos acusados, desde Steven Seagal al hermano de Weinstein, Bob.
SINTOMATICO
Esa es la verdadera cara de Hollywood en lo que respecta a las mujeres: la brecha salarial, la presión sobre el físico y los abusos de Weinstein son síntomas de un sistema acostumbrado a someter al género femenino. Las denuncias contra Weinstein (tres de ellas por violación) son las más llamativas, al incluir a actrices de renombre (Angelina Jolie, Ashley Judd) y haber tenido lugar durante décadas, pero son apenas la punta del ovillo: en el marco de la campaña de las redes sociales #yoambien, hashtag a través del cual mujeres de todo el mundo contaron sus historias de acoso como un modo de alentar a las víctimas a romper la espiral del silencio, diversas actrices revelaron la violencia sufrida por “otros Weinstein” y por el sistema mismo.
Jennifer Lawrence, por ejemplo, recordó cuando una productora la obligó a desnudarse junto a “unas cinco mujeres que eran mucho, mucho más delgadas” que ella.
“La productora me dijo que debería usar esas fotos mías desnuda como una inspiración para mi dieta”, afirmó.
La ganadora del Oscar por “Silver Linings Playbook” (2012) también aseguró que, en otra ocasión, le pidieron que perdiera casi siete kilos en dos semanas. En otro episodio, y tras quejarse ante un productor del régimen de adelgazamiento que le exigían, el ejecutivo le dijo a Lawrence que no entendía “por qué todos pensaban” que estaba gorda cuando, en su opinión, “estaba perfectamente ‘cogib...’”.
En el marco de la campaña de las redes sociales #yotambién, hashtag a través del cual mujeres de todo el mundo contaron sus historias de acoso como un modo de alentar a las víctimas a romper la espiral del silencio, diversas actrices revelaron la violencia sufrida por “otros Weinstein”
También Reese Witherspoon reveló su experiencia: dijo en el mismo evento que fue agredida por un director cuando tenía 16 años. La vencedora del Oscar por “Walk the Line” (2005) explicó la ira que sintió contra los agentes y productores que le hacían ver que “el silencio” era una condición de su empleo. “Ojalá pudiera decirles que fue un incidente aislado en mi carrera, pero tristemente no fue así. He tenido múltiples experiencias de acoso y agresión sexual y no hablo de ello demasiado a menudo”, indicó.
“He tenido numerosos Harveys a lo largo de los años: cuando tenía trece años, un técnico de cincuenta años me dijo que me enseñaría a bailar, y procedió a apoyarse sobre mi con su erección. A los catorce, un director casado me metió la lengua en la boca - en pleno set. Estas historias nunca han sido tomadas en serio: las mujeres son avergonzadas, se les dice que son amargas, que no pueden entender una broma, que son demasiado sensibles”, escribió esta semana Molly Ringwald en la revista The New Yorker. La actriz relató también para el periódico su experiencia personal con Weinstein, pero hizo énfasis en el eje de la problemática: el productor es sólo un síntoma de una industria enferma.
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