En julio de 2015, la división 4º 7º del Colegio Nacional de La Plata protagonizó una experiencia de integración inédita. Todos los alumnos se vendaron los ojos durante una clase completa, como una forma de adentrarse en el día a día de Antonio Ortiz, su compañero no vidente.
Hoy, ya en 6º y último año, Antonio tuvo una idea que enseguida contó con el apoyo del centro de estudiantes: nombrar a las aulas en Braille. Un paso más en materia de integración.
“Cuando comencé el colegio no encontraba las aulas”, contó Antonio, para acotar: “Por eso se me ocurrió hacer las placas en Braille, para ayudar a otros alumnos”.
La propuesta, como se dijo, la lleva adelante junto con el centro de estudiantes (Cecon). “Allí combinan reciclado, pues utilizan hojalata de material descartable, e inclusión, ya que están facilitando a futuros chicos y chicas identificar cada uno de los salones de clase”, explicaron en 1 y 49.
En el marco de su participación en la 2º Semana del Medioambiente y en función de la iniciativa de Antonio, los estudiantes del Cecon juntaron material reciclable. “Los chicos del centro realizaron una colecta de latas y me las dieron cortadas. Yo me encargo de grabarlas y también les voy cortando los bordes para que queden prolijas”, señaló el alumno no vidente.
El proyecto avanza. Ya realizaron las placas identificatorias de las aulas de Inglés, Lenguas Modernas y Biología.
“Por ahora terminé con esas. Voy a seguir con el resto de las aulas hasta cubrir todo el colegio”, dijo Antonio, quien está a un paso de convertirse en el segundo egresado no vidente de la histórica institución.
tomas
El viernes 16 de diciembre de 2016, Tomás Francisco Falco subió al escenario montado en el patio del Colegio Nacional para recibir su diploma de bachiller. No fue un diploma más. Marcó un antes y un después.
Es que el joven se convirtió en el primer egresado ciego en los 129 años de historia del emblemático establecimiento educativo universitario.
Es el paso que está por dar Antonio, quien antes de irse quiere dejar todas las aulas nombradas en Braille. Un legado que nadie olvidará y que a muchos servirá.
Cuando el curso de Antonio se vendó los ojos bajo la consigna de “ponerse en los zapatos” de su compañero, él expresó: “Yo creo que no se hizo nada igual en otro lugar”.
La idea de la experiencia nació de una necesidad del profesor de Matemática, Fausto Bragagnolo, de sortear algunos obstáculos que se le presentaron a la hora de enseñarle ciertos contenidos a Antonio.
“(Yo) tenía dificultades con geometría, entonces hablé con la profesora de Didáctica de la Matemática de la facultad de Humanidades, Verónica Grimaldi, quien me sugirió usar el geoplano. Antonio tuvo avances significativos. Entonces surgió la idea de que todos aprendieran a utilizarlo”, narró el docente.
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