El comediante Carlitos Balá, de 92 años, recibió ayer un homenaje por su “trayectoria artística y su aporte a la cultura popular”, en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación, al que asistieron varios famosos, familiares, amigos y funcionarios públicos.
En agosto celebró 92 años en un restaurante de Recoleta junto a su esposa Martha y sus hijos Martín y Laura Balá, a principios de año recibió una mención de honor en los premios Estrella de Mar, en 2016 lo homenajearon en los premios Gardel, y fue declarado “Embajador de Paz” en el Vaticano. Y aún así, por todo lo que el ha dado, parece que fuera poco.
En una entrevista anterior, Balá dijo que no quiere retirarse: “Quiero trabajar, pero no tan seguido. Retirar me tiene que retirar el público. O yo verme agotado por la edad. Pero si me retirase, seguiría haciendo reír por la calle. Yo entro a los negocios todavía y busco el absurdo. Ya van cuatro generaciones que me siguen, contando ésta de Panam. Hay que entenderlos. Tienen otros chiches, pero siguen siendo chicos. No tengo tiempo para estar triste, tengo alegrías que me eclipsan. Y hago reír todo el día. En los aviones me pongo a bailar con las azafatas. La fórmula es recibir cariño. Soy de espíritu joven”.
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