El último dato de inflación de septiembre abrió nuevos signos de interrogación sobre como seguirá la política económica y colocó a Federico Sturzenegger, el titular del Banco Central, y al Gobierno, ante una encrucijada.
¿Tasas de interés más altas, dejar de acumular reservas, o recortar con más decisión el desequilibrio fiscal?
Los especialistas ponderan que el índice de septiembre tuvo factores estacionales y que la inflación núcleo sigue en desaceleración.
Pero el ritmo de caída es bastante menor al que requiere la meta del año 2017 y también las que debieran cumplirse en el año próximo. Ese año, la inflación sería del 23%
El Banco Central fijó una meta del 12% para el 2018 y espera llegar al 5% para el siguiente. Pero hoy, esas expectativas están por encima: estarían en alrededor del 16% para el año próximo.
Para llegar al dígito de inflación anual, resulta indispensable una baja muy fuerte de la emisión
Una de las razones de la incredulidad en el mercado tiene que ver con la alta emisión monetaria. En este año, el ritmo de expansión monetaria ha estado en el orden del 28%. Muy lejos de las experiencias exitosas, en otros países, que llevaron la inflación del 30% o más a un dígito.
Para llegar al dígito de inflación anual, resulta indispensable una baja muy fuerte de la emisión.
Y hoy, el problema de la Argentina es que esa variable no está bajo control. Un motivo es el elevado déficit fiscal y la política “gradual” adoptada por la gestión del presidente Mauricio Macri, que proyecta alcanzar un rojo fiscal más manejable recién para dentro de dos años.
RESERVAS
Otra razón de la expansión monetaria, tiene que ver con la decisión oficial de aumentar el nivel de reservas del Banco Central. Los riesgos de un shock externo dejaría al país muy expuesto y de allí la necesidad de contar con más dólares en las arcas del Banco Central.
La dificultad con estos objetivos de política económica, es que son contradictorios.
Si bajara la emisión para incrementar reservas, además de quedar más vulnerable el país a los vaivenes de la economía mundial, acentuaría en lo inmediato el atraso de la cotización del dólar.
Y esto, como es conocido, afecta a las exportaciones y hace más caro e inviable un crecimiento económico.
Otra herramienta a mano es subir aún más la tasa de interés, para retirar más pesos, es decir la tasa de interés real es hoy de un 10%.
¿Cuánto más se podría aumentar?
Podría afectar la recuperación económica, el aumento del crédito interno, y hacer crecer más rápido la deuda remunerada del Banco Central.
La opción más lógica estaría en la política fiscal: que el esfuerzo sea mayor al anunciado y de esta manera el Gobierno salga en ayuda del Banco Central para cumplir con la política anti inflacionaria.
¿Dejarían un poco de gradualismo Macri y el ministro Dujovne, dando espacio a una política más ortodoxa, que le reclama el “circulo rojo” para garantizar la meta de precios?
Hay muchos factores hoy en juego como para anticipar una respuesta.
Están pendientes una reforma impositiva, una negociación con los gobernadores, la recomposición del Fondo del Conurbano bonaerense, el blanqueo laboral y algunos otros proyectos, como el recorte de organismos del gobierno nacional.
Están pendientes una reforma impositiva, una negociación con los gobernadores, la recomposición del Fondo del Conurbano bonaerense, el blanqueo laboral y algunos otros proyectos, como el recorte de organismos del gobierno nacional
¿Cuántas de estas iniciativas podrían cambiar las proyecciones de crecimiento, de nuevas inversiones, y de manejo macroeconómico?
Las expectativas ayudan al Gobierno bastante más que dos años atrás.
En los próximo meses también habrá más claridad sobre como se encadenan estas reformas.
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