Luego del rotundo triunfo electoral, quedó en claro que el gobierno de Cambiemos enfrenta nuevos y contundentes desafíos, pero lo hace no sólo con un importante caudal de votos que avalan la dirección de su política económica, sino también con resultados positivos, al menos en lo que hace al crecimiento de la economía.
En ese marco, en su primera conferencia de prensa, el presidente Mauricio Macri puso el eje en que “Los argentinos no pueden pagar más impuestos: hay que reducirlos”. En esta línea agregó, “hay que reducir el gasto público” y “no hay que temer a las reformas”, porque permiten “crecer, obtener protagonismo y progreso”.
Sin lugar a duda, las anteriores frases muestran un correcto diagnóstico.
En forma coincidente se han expresado distintos observadores políticos y económicos incluso coincidiendo con algunas partes del diagnóstico.
ASFIXIA
Por ejemplo, la consultora Economia & Regiones destaca que Argentina experimenta una estanflación de oferta por asfixia estatal.
Argentina no crece y no genera empleo porque tiene niveles de inversión insuficientes. La elevada presión tributaria “mata” los retornos y desincentiva la inversión, desestimulando la mejora de productividad, la creación de empleo y la ampliación de la frontera de posibilidades de producción.
La oferta agregada se contrae y el PBI per cápita se reduce. El poder adquisitivo del salario no mejora y la demanda agregada se estanca.
La mayoría de los actores económicos coinciden en que hay que bajar impuestos en Argentina. No es para menos. Argentina tiene que bajar “mucho” la presión tributaria, ya que nuestra presión tributaria es casi 10 puntos porcentuales mayor que el promedio de la región.
No hacer reformas fiscales “de fondo” y no bajar el tamaño del Estado (gasto, déficit e impuestos) son una alternativa, pero con elevados costos. Costos que venimos pagando como sociedad hace mucho, y que si no cambiamos “en serio”; seguiremos pagando cada vez más en el futuro.
Más allá de los evidentes costos y las declaraciones presidenciales, la primera mitad del mandato de Cambiemos muestra que con crédito internacional y el mundo financiando el exceso de gasto y elevado déficit fiscal, la probabilidad que la dirigencia achique el Estado y baje el gasto es baja.
El gobierno de Cambiemos incrementó el déficit financiero cuando se compara 2017 contra 2015 porque el combo financiamiento externo y no hacer lo que hay que hacer implica más deuda, mayor pago de intereses, más déficit financiero y mayor ratio de deuda. Es decir, si se cayera el financiamiento internacional, el resultado sería fuerte emisión monetaria, inflación y devaluación. Como contracara, menos inversión, destrucción de empleo, caída de salarios reales y contracción económica.
UN BUEN MOMENTO
Como contrapartida de estos desafíos la situación económica se muestra firme en el segundo trimestre de 2017 una suba del 2,7% y acumula un incremento del 1,6% al primer semestre del año.
Es más, el Indec también señaló que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) aumentó en agosto 0,3 por ciento con respecto a julio y acumuló una suba de 2,4 por ciento en lo que va del año. Con estos resultados “la economía continua su marcha a paso firme”, aseguraron hoy fuentes del Ministerio de Hacienda, que destacaron que el indicador de agosto marcó “el tercer mes consecutivo con un crecimiento por sobre el 4 por ciento interanual”.
Además, la suba de agosto, marcó seis meses de alzas consecutivas del EMAE, para colocarse muy cerca de los niveles máximos históricos, luego de que la economía retrocediera 2,2 por ciento durante el año pasado.
De los 15 sectores que releva el Indec para realizar el EMAE, 14 cerraron con subas interanuales. La única excepción resultó explotación de minas y canteras, que bajó 2,1 por ciento.
La construcción volvió a liderar el crecimiento impulsada por la obra pública y ahora con el agregado de la construcción privada. Este sector aumentó 11,7 por ciento interanual y marcó tres meses consecutivos de alzas por sobre el 10 por ciento. A esto se le agregó la industria, que aumentó 5,6 por ciento. Así en el sector fabril, 10 de los 12 rubros que lo componen, cerraron en alza. Lo dicho no sólo la política acompaña el momento de encarar reformas.
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