El alumnado del Instituto de Superior Fray Mamerto Esquiú con la coordinación de la profesora de Educación Física Cecilia Taladriz, viene llevando adelante un proyecto educativo con apertura a la comunidad denominado “Un día para jugarse”.
Este año vieron que era necesario reforzar la acción en el barrio El Rincón, de City Bell, y por eso reiteran su convocatoria a otra jornada de juegos y encuentro barrial. La cita es el sábado 14 de este mes desde las 14 y hasta las 17.30 en la Plaza “La Esperanza”, ubicada en 429 entre 134 y 135.
El proyecto tiene como objetivo resguardar los derechos del niño al juego y a espacios seguros para desarrollarlo.
Por eso, se afirma desde la institución educativa que “estamos convencidos que los espacios públicos también educan y estos transmiten modos de hacer, de actuar, de entender la cultura, las creencias, las posibilidades de transformación y si aceptamos esta premisa sobre la increíble potencialidad educativa que encierra el lenguaje espacial, será entonces necesario volver la mirada a los espacios, como la plaza, dado que entendemos también que no basta con la propuesta de construir las plazas, sino que éstas funcionen como tales, entendiendo que pueden incidir directamente en la vida cotidiana de los niños y niñas que viven en nuestra localidad” .
Desde el año pasado se vienen realizando desde el Instituto Superior “Fray Mamerto Esquiú” relevamientos en diferentes plazas y espacios públicos de nuestra comunidad con el objetivo de advertir necesidades y problemáticas que tienen relación con la viabilidad de las plazas como lugar de juego seguro para los niños.
“Como fruto de diferentes entrevistas realizadas con los vecinos se ha considerado oportuno tomar como centro de concreción del proyecto la plaza “La Esperanza” del barrio El Rincón, que es utilizada por niños de todas las edades, de gran arboleda y extenso espacio donde se realizan diferentes propuestas, pero el problema relevado es que luego de realizar el asfaltado de la calle 429, ha quedado de difícil acceso a niños por la alta velocidad con la que circulan autos y motos por dicha calle”, explicaron.
En ese momento se comenzó desde el Instituto Superior “Fray Mamerto Esquiú” a convocar a una serie de asociaciones vecinales como el Rotary Club, la asociación Defendamos nuestra Identidad y otras, además del apoyo de la Delegación Municipal, para generar un evento con el propósito de colaborar con el barrio en la remodelación de la plaza para que pueda ser un espacio de juego y encuentro. Con esa intención se invito a compartir una jornada de juegos, color, murga, cuentos y arte con mucha repercusión.
Los alumnos realizaron un relevamiento en diferentes plazas y espacios públicos de nuestra ciudad con el objetivo de advertir necesidades y problemáticas que tienen relación con la viabilidad de las plazas como lugar de juego seguro para los niños
“Si pretendemos que la ciudad deje de ser hostil para los niños es importante recomponer la relación entre el niño, la ciudad y los espacios públicos y que las plazas sean accesibles y seguras y esto significa que todos puedan aprovecharla, entendiendo que estar a favor de los niños no es estar en contra de nadie”. (Del proyecto pedagógico “un día para jugarse”)
El proyecto se inspira en el pensamiento del Pedagogo italiano Francesco Tonucci quien sostiene: “En las últimas décadas, debido a la elección del ciudadano adulto y trabajador como parámetro de desarrollo y de cambio, la ciudad ha perdido una de sus características originarias, la de ser un lugar de encuentro e intercambio entre las personas. Ha renunciado a los espacios públicos que como punto de encuentro y de intercambio eran imprescindibles. Los patios, las aceras, las calles y las plazas han adquirido cada vez más, funciones asociadas al automóvil y al comercio, quitándoselas a los ciudadanos. La ciudad ha renunciado a ser un espacio compartido”.
La imposibilidad de satisfacer las necesidades primarias de los niños, como por ejemplo la experiencia de jugar con sus amigos sin ser controlados por los adultos, en los años en los que se construye la personalidad del hombre y de la mujer, tiene un precio personal y social muy alto, que perjudica la formación de adultos serenos, responsables y conscientes, aseguran.
“Es preciso pensar en soluciones sociales que impliquen un cambio real de la ciudad, de sus características estructurales y del comportamiento de los ciudadanos”, agregaron.
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