El accidente registrado hace pocos días en plaza Rocha de nuestra ciudad al caerse una farola ubicada del alumbrado público sobre tres jóvenes que, según algunos testigos, se disponían a dar inicio a una intervención artística del lugar –en un hecho que preocupó y que obligó a derivar a los jóvenes heridos a un hospital cercano para recibir allí las atenciones del caso- dejó a la vista, una vez más, la necesidad de que el mobiliario urbano de la Ciudad se encuentre en perfectas condiciones de mantenimiento.
En este sentido, la Municipalidad, poco después de la peligrosa caída de esa columna de hierro, informó que está realizando un relevamiento de las columnas ornamentales existentes, para evitar que se reiteren incidentes como el que ocurrió jornadas atrás.
Tal como se informó, como primeras medidas de orden preventivo la policía cercó el lugar y empleados de Espacios Públicos de la Municipalidad comenzaron una revisión del resto de las 26 columnas de alumbrado que se encuentran en la mencionada plaza, para evaluar su estado.
En tanto que algunos testigos ocasionales aseguraban que habían existido reclamos previos sobre el deterioro que exhibía la farola –ya que mostraba la base oxidada y maltrecha- también desde la Comuna se aseguró que la columna se cayó porque los jóvenes intentaban colgarle un cartel.
De todos modos, en forma oficial, se reconoció que los trabajos de control se extenderían a todo el mobiliario de las plazas y parques existentes en el distrito. De esa forma, se indicó que en los 21 espacios verdes de la Ciudad existen contabilizadas 355 columnas ornamentales de alumbrado público, de las cuales 235 son de origen “fundacional”, por lo que el trabajo de restauración y mantenimiento es más delicado. Se advirtió, asimismo, que muchas de ellas arrastran años sin que se les realizaran reparaciones.
Una vez más ha quedado evidenciado que la falta de un mantenimiento continuado no sólo perjudica al mobiliario urbano –se habla tanto de farolas, como de bancos, mesas, juegos infantiles, monumentos y otros- sino que, después, exige a la administración el vuelco de inversiones más onerosas.
No puede sino señalarse que, para la tradición platense, las plazas y paseos públicos cumplen un rol trascendente, como lugares de esparcimiento y como verdaderos pulmones verdes, instalados cada uno a no más de seis cuadras del otro, algo que constituye ciertamente un privilegio. De allí que surja como lógico corolario el debido mantenimiento que merecen tanto esos espacios como el mobiliario que los caracteriza y define.
Los frecuentes y lamentables actos de vandalismo que se han venido ensañando sobre esos bienes públicos constituyen, por consiguiente, agravios inexplicables que se infieren a un patrimonio histórico y urbanístico de gran valía.
Está claro que buena parte de la responsabilidad se encuentra en el comportamiento ciudadano, que no siente como propios a los espacios públicos. Aunque, al mismo tiempo, le corresponde a las autoridades la obligación de velar en forma permanente por el mejor estado de estos lugares que son de uso común.
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