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“Frances Ha” , adolescente, romántica y un poco rencorosa

Por Redacción

La cinta de Noah Baumbach, que el viernes trae su última película a Netflix, tiene como protagonista a Greta Gerwig, una impulsiva joven a quien la post-adolescencia se le escapa sin haber encontrado su rumbo en la vida

“Cuando escribo o ruedo, lo que busco es una especie de musicalidad, de sentimiento, debo sentir un ritmo y no me paro a pensar si hay que poner un momento divertido o serio”, explica Noah Baumbach, uno de los principales representantes del cine independiente y director de “Frances Ha”, que llegó a Netflix como entrada al universo del cineasta que el viernes estrenará en la plataforma su último filme, “The Meyerowitz Diaries”, con Dustin Hoffman, Emma Thompson y Adam Sandler.

Baumbach elige musicalidad por sobre atmósferas definidas (aquí comedia, allá drama), y este aspecto indefinido en su tonalidad supone el gesto de diferencia de su cine, burbujeante en la superficie pero agridulce, hasta amargo: como el champán.

Esta música melancólica y de cosecha neoyorkina, hecha de diálogos ocurrentes que esconden tristezas y resignaciones insondables pero cotidianas, filmados a través de un lente juguetón e íntimo hasta el voyeurismo (como si se precisara de un espía escondido entre los arbustos para revelar los instantes patéticos de sus personajes, ese momento donde las máscaras construidas para enfrentar al mundo y su gente se caen) vuelve a sonar en la burbujeante “Frances Ha”, donde Greta Gerwig pone cuerpo a la melodía traviesa de un guión escrito por Baumbach y ella.

Gerwig es la adorable perdedora protagonista, una joven a quien la posadolescencia se le acaba sin haber definido un rumbo para su vida: quiere ser bailarina de una compañía de danza de Nueva York, proyecta y sueña utopías, pero la realidad es magra. Ella parece tomarse la vida con alegría y despreocupación, pero cuando su mejor amiga comience a construir una vida adulta en paralelo, la frustración de Frances brotará a la luz.

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“Frances Ha” es la definición de una película independiente. Hecha con tres millones de dólares de presupuesto, la idea de Baumbach y Gerwig era “hacer algo lo más pequeño posible sin sacrificar aquello que hace que valga la pena ver películas”: esa magia del celuloide resplandece en el cine sin pretensiones de “Frances Ha”, un filme que nació un año después de que Gerwig y Baumbach colaboraran en “Greenberg”.

La amarga cinta protagonizada por Ben Stiller había resultado un fracaso para ambos: el cineasta esperaba un rendimiento superior en la taquilla, mientras que para la actriz debía ser su gran oportunidad. Pero a Gerwig no le sonó el teléfono durante todo el año que siguió a la cinta, lo cual la sumió en una profunda depresión que le hizo cuestionarse su decisión de ser actriz.

Así es que se puso en contacto con el director, listo entonces para filmar un proyecto chico, sin estrellas y presiones: “Frances Ha”, el fruto de esa colaboración, lanzaría a Gerwig al estrellato (hoy es una chica Allen que hizo su debut como directora con “Lady Bird” este año) y daría un nuevo empujón a Baumbach. Además, claro, de cimentar su romance.

El guión escrito a cuatro manos está determinado por la ansiedad de Gerwig en aquellos días, su sensación de falta de rumbo; el estilo del filme es mucho más Baumbach: filmado en blanco y negro digital, la cinta es un homenaje a “Manhattan” de Woody Allen también en sus diálogos, aunque los personajes parecen más bien encarnaciones modernas de los espíritus juguetones de la filmografía de la Nouvelle Vague, al igual que cierto uso de la música y ciertos movimientos y encuadres no convencionales de la cámara.

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Pero “Frances Ha” no es sus referencias, su superficie (de placer y mucho más que gesto hipster); sino su intimidad. Gerwig carga sobre sus hombros la intensidad emocional de la vida cotidiana pero sumamente frustrante de Frances, su pseudo-romance con su mejor amiga, la idílica relación entre ambas, marcada por los códigos internos; y la falta de rumbo de su personaje (sus caprichos, sus enojos) y su dualidad (sonriente pero desesperada) sería quizás mucho menos simpática sin el natural candor (y las sutilezas actorales) de Gerwig: sin un peso, repleta de nociones peculiares y esnobismos sobre el arte y los artistas pero ella misma un proyecto de artista fallida, esta anti-heroína se equivoca, busca y deja de buscar de una manera encantadora, como una “Annie Hall de esta generación”.

Como muchos de su generación, Frances deambula en busca de un destino, un sentimiento profundamente autobiográfico para Gerwig, que nunca soñó con ser actriz y que llegó tarde a la industria.

Pero la cinta no condena la falta de foco de la generación Y, sino que retrata sus búsquedas, sus inquietudes y, más allá de la tristeza sugerida de su protagonista, celebra siempre la libertad y el desparpajo de Frances. Después de todo, del otro lado de la falta de rumbo está el éxito, ese otro impostor que Frances rechaza porque, sospecha (en un gesto entre adolescente, rencoroso y romántico), hay algo inherentemente incorrecto, inmoral en tener dinero.

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Adolescente, romántica y rencorosa: la celebración de las derrotas de Frances frente al mundo no idealizan a un personaje que juega constantemente con perder el favor de la audiencia, y los claroscuros de vivir en las nubes son retratados con sutileza pero sin piedad.

Son esos momentos, íntimos y sencillos, los que agregan capas a “Frances Ha”, como el instante de duda que asalta a Frances cuando el cajero quiere cobrarle 2 dólares de recargo, o el viaje caprichoso a París, sin un peso en la cuenta, que la cinta no remunera. Lo material tiene una presencia constante en “Frances Ha”, donde sobrevuela una pregunta común a los millenials y habitual en Argentina: ¿dónde están los empleos?

En ese sentido, la cinta lleva la firma de la generación post 2008: tras la crisis bancaria, las protagonistas exitosas femeninas, como Ally McBeal o las chicas de “Sex and the City”, dejaron paso a una generación rechazada por el sistema capitalista donde sus antecesoras prosperaban: “Girls”, “Broad City” o “2 Broke Girls” son algunos ejemplos de este nueva paradigma que trae con la quiebra monetaria cierta liberación de obligaciones (no solo las establecidas socialmente para las mujeres, sino las establecidas socialmente para todo aquel que quiera alcanzar el éxito). La pobreza y la falta de rumbo esconden el insondable y aterrador silencio del universo, pero como planteaba la polémica entre Sartre y Camus (de modo reduccionista) la falta de sentido también aloja el beneficio de la libertad.

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