Aplaudida y esperada por los vecinos de la zona norte de la Región, desde Villa Elisa hasta Gonnet, la obra de repavimentación y adecuación del Camino General Belgrano avanza a ritmo firme y sostenido.
La nueva carpeta asfáltica que ya ha sido colocada no deja de sumar elogios por parte de los usuarios que llevan años acostumbrados a transitar sobre milenarios baches y
profundos huellones a lo largo de toda esa vital traza.
Una vez finalizada la etapa de repavimentación y de adecuación de los lugares destinados a las paradas de micros -con dársenas en las que el cemento reemplaza al asfalto- se seguirá con la modernización del alumbrado que, según se estipuló, será del sistema LED.
Un adelanto, plausible y meritorio, en el que se invertirán 300 millones de pesos, pero en el que sólo se ha pensado en el día de mañana y no en el futuro a largo plazo.
El camino General Belgrano, seguirá siendo una estrecha (y colapsada) senda de una mano de ida y otra de vuelta en la mayor parte de su recorrido.
La pregunta es: ¿si se encaró una tarea de puesta a punto, por qué no se lo hizo pensando, al menos, en el tránsito de ese camino a 20 años vista? ¿Si en toda la traza del Belgrano existe una reserva expropiable a los frentistas -de allí que la mayoría de las construcciones estén retiradas- que impidió encarar la construcción de un más que necesario segundo carril por mano?
El Belgrano hoy, es un billar. Es cierto. Pero seguirá lento y antiguo. Una lástima.
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