Nueva York, principios de la década del ‘70: en la decadente Calle 42, apodada con cariño “The Deuce”, al igual que la serie de HBO que retrata aquella avenida y que llega esta noche a su fin: allí habita el submundo de la prostitución, compuesto de proxenetas y trabajadoras sexuales, pero también de policías, pocas veces obstaculizando la actividad ilegal, negocios de venta de pornografía, bares y fondas.
Pero todo está por cambiar: mientras la figura del proxeneta comienza a desaparecer empujada la prostitución por la Policía puertas adentro para llevarse una tajada de la torta, suenan los primeros himnos glam, el narcotráfico se convierte en una problemática para los barrios más pobres y el cine está a punto de conocer “Garganta profunda”, la película XXX que inaugurará la explosión de la industria porno en Estados Unidos, hasta entonces una actividad marginal y prohibida. Todo está por cambiar, claro, para que nada cambie.
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Ese es el eje de toda la obra de David Simon, el creador de la indispensable “The Wire”, que vuelve a emparejarse con George Pelecanos, guionista y productor en aquella serie de HBO y también de “Treme”, otra obra televisiva insoslayable de este siglo (ambas pueden verse por la aplicación on demand del canal premium). Escribe también Richard Price, guionista de “El color del dinero” y también presente en los libros de “The Wire”.
Pero es Simon la fuerza creativa del show que vuelve a hablar de cómo las transformaciones del capitalismo: en este caso, en los revolucionarios ‘70, es el sexo el que pasa de la clandestinidad al mainstream, pero no sin derramamiento de sangre y lágrimas, y sobre todo, no sin que la corrupción institucional se apropie de la nueva fuente de dólares.
Allí reside la moraleja agridulce de “The Deuce” y de toda la obra de Simon, periodista de formación que escribe sus ficciones como obras de periodismo de investigación, detallando la genial burocracia detrás de la profunda corrupción y la criminalidad que permean todo: si en “The Wire” revelaba en clave narrativa el detrás de escena del tráfico de drogas, las aduanas, la política, el sistema educativo y los medios, en “The Deuce” Simon busca retratar los pormenores de las industrias del sexo.
Y lo que emerge a la luz es una constante: en un mundo donde el Estado, por capitalista, está al servicio del lucro, las victorias de la justicia (siempre un concepto mutante, relativo y, en definitiva, imposible en el trabajo del showrunner) son escasas excepciones que no modifican nunca el fondo. ¿Suena familiar?
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“The Deuce” retrata entonces los cambios que se suceden para que nada cambie: la Policía maximiza sus ganancias al igual que la mafia, monopolizando este nuevo negocio que legalizan a puro teje y maneje, a puro lobby político y siempre por izquierda.
Pero Simon hace gala de un extraño optimismo desde “Treme”, que habita en sus personajes marginales: porque los perdedores también sueña, en ocho episodios el show de HBO construye microhistorias que sobreviven como pueden a la sordidez, caminan a menudo por la cornisa entre lo entrañable y lo despreciable, y emergen humanos, contradictorios: Vincent solo puede mejorar su vida manejando un bar para la mafia, mientras lidia con su desvergonzado hermano Frankie (ambos interpretados por James Franco); Candy (Maggie Gyllenhaal) sueña con dejar atrás “la vida” e intenta meterse en la industria del cine para dejar la calle; Abby abandona la comodidad de los millones familiares en busca su destino en medio de una Nueva York que efervesce de crimen pero también de libertad. Son los años del surgimiento del glam rock, donde emerge lo queer y la libertad sexual, aunque también, claro, donde emerge la droga.
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El realismo sucio y dickensiano de Simon es matizado no sólo por sus adorables perdedores, sino por el glamour visual de la puesta de HBO, algo ausente en la ascética “The Wire” (rodada de manera casi documental) pero que ya asomaba en “Treme”: la música vuelve a ser protagonista (una soundtrack de funk y calle imperdible) y hace bailar la cámara en escenas que recuerdan al primer Scorsese, menos virtuoso y más sórdido: cada episodio balancea la mugre del submundo (y la mugre del mundo) con el atractivo pleno de libertad de la noche iluminada por la luz artificial y las esperanzas de quienes llegan a la gran ciudad en busca de una oportunidad.
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La primera temporada llega a su fin esta noche, desde las 21, en Argentina (terminó de emitirse el domingo pasado en Estados Unidos). La serie ya tiene garantizada su segunda entrega, pero a la usanza de la TV de hoy, Simon y Pelecanos prometieron un salto temporal, lo cual probablemente implique nuevos personajes, nuevas historias (y, quien sabe, quizás caigan también ellos en la tentación de retratar los ‘80, aunque, seguramente, desde el lado B de las luces de neón).
PARA AGENDAR
Qué: “The Deuce”, último capítulo de la primera temporada
Cuándo: Hoy a las 21
Dónde: HBO
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