El cine argentino fantástico resurge de las cenizas que no fueron: no se puede decir que tal género no haya existido en la rica historia del cine nacional, pero sí que se trata de una obra desperdigada a lo largo del tiempo, sin continuidad y sin tendencias demasiado claras. Y siempre, lejos del centro del campo del canon.
Por supuesto, hay filmes excepcionales y excepciones a estas reglas: desde la fundacional “Una luz en la ventana” al melodrama fantástico “Nazareno Cruz y el lobo”, la cinta más vista de la historia nacional, pasando por el filme de culto de Hugo Santiago, con guión de Borges y Bioy, “Invasión”.
Influencias que, mezcladas con el giallo, el gore y otras estéticas que tuvieron poca presencia en el pasado del cine nacional, recupera una camada de cineastas en la actualidad como Daniel de la Vega, Hernán Moyano o Tamae Garateguy, entre otros miembros de la Liga de Cine de Género Argentino. Su empuje, y el crecimiento de estos cines en la taquilla global, ha llegado a entregar filmes populares dentro de las amplias fronteras del llamado cine de género (que abarca todo el cine “pulp”, desde el terror hasta la ciencia ficción) y hasta fenómenos de culto como “Kryptonita”, que engendró su propia serie televisiva.
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