PABLO FUNARO
pfunaro@eldia.com
Nenes desde los ocho años emparentados con la delincuencia. ¿Qué hacer con ellos? Esa parece ser la gran pregunta. La ley prohibe desde ya someterlos a proceso penal y obviamente encarcelarlos. Entonces habría que buscar por el lado de la familia. Pero cuando no tienen a nadie, cuando están solos por la vida. ¿Cómo se debe actuar? Sin dudas ahí es cuando más se necesita del rol de un Estado presente, el que con todas sus instituciones y herramientas los oriente, los eduque y les dé la contención que merecen y necesitan. Porque del camino del delito no se entra y sale con la misma facilidad.
Muchas veces la ausencia de un hogar, la ausencia de una escuela y el desastre de la droga, se terminan convirtiendo en un laberinto indescifrable.
Todo actúa como en un espiral de violencia, que empieza con actos de escasa cuantía y termina en el peor o más grave de las conductas.
Dicho esto, podemos concluir que agarrarlos de la solapa y llevarlos un rato a la comisaría, identificarlos y, entregarlos como si fueran un paquete, no sirve para nada. No aporta ninguna solución a esta terrible problemática.
El Estado es el que debe emerger con la mayor decisión y fuerza para enseñarles que el futuro mejor existe.
SUSCRIBITE a esta promo especial