El cine norteamericano “mediano” ha desaparecido de las salas: aquellas cintas protagonizadas por Tom Hanks o Meg Ryan, realizadas por grandes estudios pero con presupuestos moderados y énfasis en lo humano y no en el espectáculo, han dejado lugar a un modelo que promueve la producción de filmes como grandes espectáculos, para atraer a un público cada vez más pegado por el sillón. El resultado ha sido la agonía de uno de los géneros más importantes de la década del ‘90: la comedia romántica estadounidense.
Sin embargo, quienes deseen ir al cine en busca de un entretenimiento con personajes neuróticos, enredos y un final feliz, pueden continuar con este programón para noviecitos gracias al cine europeo comercial, que ha adoptado aquella fórmula para exportar.
Seguro, los amantes del viejo cine europeo encontrarán en películas como “Dos amores en París” una sombra de las películas que llegaran a las salas en otros tiempos: pero la comedia romántica estrenada esta semana entrega una burbujeante comedia sin pretensiones que logra su cometido.
La cinta de Eric Lavaine (“Entre tragos y amigos”) tiene como protagonista a Alexandra Lamy, una mujer incapaz de tomar una decisión. Tan indecisa es, que casi causa la muerte de su novio por no llamar a la ambulancia, lo que la devuelve al mundo de la soltería.
El feliz recorrido del filme se basa en esta problemática tan actual, la indecisión en tiempos de demasiadas opciones, pero busca siempre diversión a profundidad, y para deleite de la audiencia pone a su protagonista en el peor lugar posible: si no podía decidir entre dos platos de comida, ahora tendrá que elegir entre dos pretendientes, un chef fuerte y decidido, y un tierno caballero escocés.
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