Lo de ayer apenas fue el primer paso. Tardío, reclamado largamente por el comercio y el empresariado local, pero apenas el primer paso de un camino que, se supone, será largo y seguramente complicado.
Avanzar sobre la venta ambulante no representa, apenas, intentar llevar un poco de orden a las calles comerciales de la Ciudad. Luchar contra la venta ilegal debe representar, en si mismo, una declaración de principios de quien ejerce el gobierno municipal.
Aventar a quienes lucran ilegalmente en las calles representa, entre otras cosas, respetar a aquellos comerciantes y emprendedores que pagan sus impuestos con puntualidad. Significa defender y hacer valer los derechos de aquellos que pagan sueldos en blanco a sus empleados. Es ponerse de lado de quienes, pese a las crisis y a los avatares de la economía, apuestan a la legalidad y no comercializan mercaderías de dudoso origen, ni burdas falsificaciones de marcas famosas.
Luchar contra las mafias que lucran con la venta ilegal, es defender la creación de fuentes de trabajo genuinas y no a las provenientes de talleres esclavos. Es también atacar a la evasión fiscal.
Encausar la proliferación de puestos en los que se ofrecen chucherías no sólo es hacer un procedimiento a las 8 de la mañana en calle 7 para que mañana todo siga igual.
El microcentro, en todo caso, es apenas una muestra de lo que ocurre en todos los polos comerciales de la Ciudad.
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