Por RICARDO SOLER
Filósofo e historiador
Comentaba un antiguo vecino: “están pintando todo de amarillo, si siguen así hasta a la Casa Rosada la pintarán de ese color.”
El fundamento de este nuevo modo de hacer política es rarísimo, timbreo y diálogo, cosa que según pensábamos no llevarían a nada.
Claro está que partieron de un gobierno surrealista como el de los K, que terminaron cobrando rutas imaginarias, obras inauguradas varias veces y el robo total del impuesto a los combustibles. Hechos no vistos en toda la historia universal.
Un cronista burlón llamó al Pro el grupo “glu-glu” y también el “Sistema Pac-Man”, pues partiendo del agua (la corriente, las cloacas y las inundaciones) coparon la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y después todo el país. Son obras, que por desgracia para la oposición no se ven pero que los vecinos agradecieron y el gobierno agregó además sus primos cercanos como las rutas y los puentes. Los “radi-peronistas” no entienden nada de estos timbreadores y hacedores que no ofrecen discursos ni grandes metas, pero que terminaron políticamente por comerse todo. Primero deglutieron al radicalismo, después al sistema K, yendo a comerse si pueden a la CGT, cuya mitad está ya digerida con los llamados “gordos”, aunque será difícil comerse a Hugo Moyano pues es carne dura y curtida, es más simple comerse al “progre” de su hijo Pablo, mucho más tierno.
El grupo políticamente Pac-Man es insensible y ya se comió al cordobés Schiaretti y al salteño Urtubey que son peronistas razonables y amigos y por supuesto a los ultra K hasta en Santa Cruz se los fueron merendando. Los muñequitos del Pac-Man son como las hormigas coloradas africanas, nadie los ve pasar, pero no dejan nada para las otras especies. El bueno de Espinoza, varón de La Matanza y el conurbano si los hay, gritó “ Viva Perón y la compañera Evita”, al jurar como diputado. No es que sea un valiente militante sino algo peor en la historia del peronismo, un equivocado que todavía cree en que los cristinistas son leales a Perón.
“Sería bueno que haya metas creíbles para las generaciones venideras, pero nadie parece saber cuáles son”
Los grupos “glu-glu” o “Pac-Man” u hormigas africanas guardan silencio y se esconden, y a la hora de pasar por las ventanillas de las urnas son los primeros en cobrar electoralmente.
No podemos imaginar a los grandes políticos del pasado, como Julio César, o Napoleón tocando timbre, o golpeando puertas. Propusieron el primero, la conquista de los pueblos nuevos y el segundo poner en práctica su famoso código, tareas todas para las generaciones venideras.
Nuestro Sarmiento, un futurista empedernido, soñaba con la escuela del futuro, e Hipólito Irigoyen con la preminencia de los sistemas republicanos y democráticos. A ninguno de estos próceres se les dio por tocar timbre y menos aún dialogar. Sarmiento de viejo era sordo lo que le venía muy bien, e Irigoyen era casi mudo, con los grupos de gente no hablaba y se limitaba a escuchar. Le hablaba sólo a personas o individuos particulares.
Desencantados están los opositores ante este tremendo avance que los psicoanalistas denominan acting out o acción pura y han quedado por lo tanto con las manos atadas.
Les favorece la carita de bueno y la imagen positiva que tiene el presidente Macri y la gobernadora Vidal (bautizada Heidi) a quienes se ven no amenazadores, sonrientes y consensuadores. Querríamos volver a ver los gestos nerviosos y adustos de los K que gritaban, bailaban y tocaban el bombo. Todo lo de ahora termina siendo demasiado light y la gente parecía cansada de los pesados.
En la actualidad están los grupos gobernantes, con su tacho de pintura amarilla y su expansión, por ahora, uniformemente acelerada, y con el pecaminoso color ya mencionado en los globos.
Por ahora estamos todos “glu- glu” pero a pesar de este artículo un tanto payasesco , está detrás de la sonrisa del clown la angustia y la tristeza, como en este tema circense que recogió la poesía.
Sería bueno, a pesar de todo, que haya metas creíbles y realizables para las generaciones venideras, pero nadie parece saber bien cuáles son, pues todo parece muy vacío y hasta post moderno. Tampoco se conoce cuáles deberán ser las mismas, para el día -aún lejano- que entremos en la época del “postimbreo”.
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