Grupos de atacantes que se desprendieron de la multitudinaria manifestación que ayer se realizaba en las adyacencias del edificio donde funciona el Congreso de la Nación pretendieron aparentemente impedir por la fuerza y la violencia la sesión en la Cámara de Diputados y hasta irrumpir en el recinto que simboliza la institucionalidad. Fue desconocer el significado del sistema democrático y por supuesto de la Constitución y las leyes. Lo incalificable es porque las Cámaras legislativas fueron elegidas en comicios libres e indiscutibles sin proscripciones ni discriminación alguna.
La inmensa mayoría de los manifestantes ejercía su derecho de peticionar pero grupos organizados cuyos integrantes se cubrían los rostros intentaban forzar su entrada al edificio del Congreso de la Nación desconociendo lo que el mismo representa. Todo planificado como lo demuestra el descubrimiento de esos elementos en colectivos que transportaban a integrantes de esas bandas. Es imprescindible que se identifiquen a quienes organizaron y dieron el apoyo logístico a esos grupos violentos que actuaron ayer.
Las imágenes que difundieron los canales de televisión mostraron claramente la actitud de los provocadores y cómo agredían con grandes piedras o tornillos, tuercas y rulemanes arrojados con gomeras, hasta alguna aislada bomba incendiaria. Esta vez resulta indiscutible que durante más de dos horas los agentes del orden hicieron de muro humano tratando de contener más que pacíficamente, pasivamente, a los atacantes. Los agresores sobrepasaron todos los límites para generar peligrosos hechos de violencia con el evidente propósito de producir imprevisibles reacciones policiales.
Miles y miles de manifestantes optaron por retirarse dejando a los revoltosos aislados aunque igualmente estos últimos perseveraban en sus violentas actitudes. Afortunadamente esos pequeños grupos no lograron envolver a la inmensa mayoría de los manifestantes en los desórdenes.
Pudo haber ocurrido una tragedia y la responsabilidad hubiera sido clara y únicamente de esos sectores sobre los que ningún movimiento político o agrupación social o sindicato se solidarizó ni asumió públicamente como integrantes de sus filas, aunque todos los condenaron.
Los periodistas no escaparon a los ataques y los violentos pretendían escudarse tras ellos para arrojar toda clase de elementos sobre la policía. Lamentablemente por lo menos dos reporteros fueron tratados por los agentes del orden como si pertenecieran a los grupos de malhechores, porque así deben ser llamados, aunque un video documentó la salvaje agresión de los violentos atacantes contra un respetado reportero televisivo.
Minorías como las que actuaron ayer en otras ocasiones han logrado que se produjeran muertes en el país que desencadenaron en círculos viciosos de violencia.
Fueron épocas que deben ser dejadas atrás para que pueda regir la democracia que garantiza la participación ciudadana y la paz, que se logra con la plena vigencia de las leyes.
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