La Superliga ha sido una verdadera trituradora de directores técnicos a punto tal que ha dejado establecido una nueva marca en materia de salidas anticipadas de entrenadores: en 12 fechas debieron dejar sus puestos 14 adiestradores. O sea que una vez más la impaciencia le ganó a los proyectos además de quedar demostrado que la conducción técnica en el fútbol criollo es un trabajo de alto riesgo.
La inestabilidad abarcó exactamente a la mitad de los competidores del torneo de primera división ya que de los 28 participantes, 14 se quedaron sin conductor. De nada valieron las especulaciones que hablaban de una mayor duración de los DT en sus puestos de trabajo a partir del nuevo formato de la competencia. Supuestamente el torneo largo – a la usanza europea--, iba a rebajar las tensiones que se viven en un certamen de corta duración y el margen de “aguante” para los hombres del buzo sería mayor.
Nada de eso ocurrió. Nuevamente cuando las cosas no salieron como se esperaba rodó la cabeza del entrenador, una costumbre que no parece tener solución al menos en el horizonte cercano. Más de uno por fecha, esa fue la media. Desde septiembre a diciembre, o sea en sólo cuatro meses, la nómina de directores técnicos echados fue creciendo hasta llegar a completar una verdadera plusmarca.
Con la salvedad que uno de los que se fue de su club lo hizo en procura de horizontes mejores –Jorge Almirón dio por culminado su muy buen ciclo en Lanús para aceptar una oferta de España--, la Superliga nos entregó cada semana un nuevo “desocupado”. El primero fue Gustavo Matozas en Estudiantes cuando sólo se habían jugado tres fechas y después le siguieron Diego Aguirre (San Lorenzo), Nelson Vivas (Defensa y Justicia), Sebastián Méndez (Belgrano), Mario Sciacqua (Olimpo de Bahía Blanca), Gustavo Alvarez (Temperley), Omar De Felippe (Vélez Sarsfield), Paolo Montero (Rosario Central), Diego Cocca Rácing), Walter Coyette (Chacarita), Ricardo Caruso Lombardi (Tigre), Mauricio Larriera (Godoy Cruz de Mendoza) y Humberto Grondona (Arsenal).
En este fútbol en el que los jugadores siempre tienen derecho a una revancha después de un bajón, a los directores técnicos les cae todo el peso de las decisiones dirigenciales cuado la cosa no viene bien. La histeria de siempre que lejos de crear campos para desarrollar trabajos a largo plazo incrementa las presiones y le quitan margen al trabajo genuino.
Nada cambió en el fútbol con la llegada de la Superliga: los técnicos se marchan igual
Hace pocas horas, Sebastián Beccacece, mano derecha de Jorge Sampaoli en la Selección y uno de los entrenadores de la nueva generación, fue elocuente: “Hoy al entrenador no se lo juzga por lo que sabe, sino por ganar o perder...Uno puede saber un montón o formar, preparar o convencer, pero si no gana, los procesos se rompen. Uno también se va alienando, se va contaminando de esas cosas” y añadió: “Si uno no gana, es probable que mañana ya no esté”.
La Superliga no quedó ajena a un fenómeno que se va haciendo común. Después de cada fecha, además de los resultados y la tabla de posiciones, el alejamiento de un DT fue una noticia corriente.
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