Como forma de darle más “resistencia” al color crema claro que cubre las paredes del Palacio de Belvedere desde 1484, el Vaticano empezó a pintar los muros internos de sus famosos museos con una mezcla de pintura que contiene leche ordeñada en la granja papal de Castelgandolfo.
“La mezcla de pintura a la cal con leche le puede dar el aspecto original al edificio”, aseguró el curador de la oficina de superintendencia de bienes arquitectónicos del Vaticano, Vitale Zanchettin al detallar la técnica que busca conservar el color del siglo XV.
“La restauración, la primera en 60 años, busca fijar algunas partes que estaban en peligro de caída y volver a darle el aspecto original, que según nuestras investigaciones es de ‘Travertino claro’”, agregó Zanchettin.
El Belvedere vaticano fue emplazado por el papa Inocencio VII en 1484 y luego en 1506 fue el arquitecto Bramante, por encargo de Julio II, el que le dio el aspecto actual, visible desde buena parte de la capital italiana.
Día a día, unas 27.000 personas recorren su patio interno, en el que reposa la famosa piña de bronce de 4 metros de alto que fue citada por Dante en La Divina Comedia y es uno de los símbolos de los museos.
La pared norte del enorme patio de 300 metros por 100 ubicado al norte de la Basílica de San Pedro, ya está practicamente terminada.
“Lo hicimos así porque pensamos que envejecen mejor y estamos convencidos que estas pinturas cambian de color de manera distinta con la luz que las normales”, agregó Zanchettin.
“Durante tres años investigamos y llegamos a la mezcla esencialmente antigua de pintura con cal y leche, que nos permite dar estos colores. La mezcla tiene una proporción de leche del 3 al 10% y se usó únicamente la leche de la granja de Castelgandolfo”, detalló.
SUSCRIBITE a esta promo especial