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Qué hacer para recuperar el deseo sexual perdido

Por Redacción

Intentas recordar cuándo has hecho por última vez el amor y te resulta imposible.
“Hace tiempo que dejó de buscarme”.
“Apenas tenemos encuentros sexuales”.
“Quizá ya no me desea”.
“Hace tiempo que ninguno de los dos toma la iniciativa”.

Estos pensamientos, cuando vivimos en pareja, puede tenerlos tanto un hombre como una mujer. No entendés qué ha ocurrido con aquella pasión que los hacía buscarse. Será la rutina, será la vida tan ajetreada que llevás. No recordás quién tomaba la iniciativa, quizá los dos, aunque de formas distintas. Ahora ni él ni vos dan el primer paso.

DAR EL PRIMER PASO

Puede que te hayas encontrado en una situación semejante y te preguntes qué pasa con tu vida sexual. Esta pregunta revela un interés muy saludable por vos mismo, por tu derecho a disfrutar de tu sexualidad.
La toma de la iniciativa para el encuentro sexual no tendría que estar condicionada por el género. Tanto los hombres como las mujeres están habitados por el deseo y pueden pedir o insinuar a la pareja lo que quieren, aseguran en un estudio canadiense publicado en la revista Sexualities.

Hay muchas razones que pueden influir para que la falta de deseo y la apatía se apoderen de la vida sexual. La más habitual es el estrés, pues la vida cotidiana está atravesada por preocupaciones que, con frecuencia, no dejan espacio ni energías para nada que vaya más allá de las cuestiones prácticas. La falta de comunicación en la pareja también aumenta la distancia afectiva y la sexualidad se empobrece. Compartir los temores y las inquietudes proporciona un nivel de intimidad que aumenta el deseo de estar junto al otro, también en el dormitorio.

Proponer un encuentro sexual implica hacerse cargo del deseo hacia el otro y verbalizar las ganas. Existen distintas maneras de tomar la iniciativa. Toda relación comienza desde el momento en que uno (o los dos) se sienten invadidos por ese deseo. Las parejas deben asumir el compromiso de enriquecer el encuentro para que no se convierta en rutina. La opción de alternar la toma de la iniciativa es una forma de evitar la monotonía y que los dos miembros de la pareja se sientan deseados.

Además, el sexo, para que sea gozoso, requiere tiempo y planificación. En eso comenzó a pensar Mónica cuando, sentada en su coche, esperaba que se abriera el semáforo. No recordaba cuándo fue la última vez que hizo el amor con su marido, pero desde luego hacía bastantes días y de un modo algo apresurado, como para calmarse, no para disfrutar.

A veces, la vida cotidiana está atravesada por exigencias que no dejan espacio para la libido.

Mónica tiene 45 años, es economista, lleva casada 12 años y tiene dos hijos, de 10 y ocho. Cuando llega al final del día suele estar muy cansada. Cree que la vida que lleva y la rutina son quizá las responsables de que su gozosa vida sexual haya quedado reducida a cenizas. Se siente triste y quiere volver a sentir los intensos placeres que recuerda. Para eso se le ocurre una idea. Llama a su marido y se cita para comer con él al día siguiente en el hotel que hay cerca de su casa. Mónica se compra ropa interior y decide que, cuando se encuentren para comer, no hablarán de temas de trabajo, hijos ni de cuestiones de la vida cotidiana, solo de ellos, de cómo se sienten y de lo que piensan hacer durante varias horas juntos y solos en la siesta erótica que tendrá lugar a continuación.

Cuando salen del hotel, se sienten contentos, más jóvenes. El encuentro ha sido un éxito y deciden repetirlo. Álvaro dice que la próxima vez le toca a él organizar un plan. Más tarde Mónica se da cuenta de algo importante: no solo factores externos habían intervenido para que su relación sexual se deteriorara, también había influido cierta identificación con su madre, que ha transmitido a Mónica una visión del sexo como algo superfluo para la mujer.

Preparar el encuentro es importante, pero no lo es menos atender a nuestras dificultades internas que nos hacen huir del sexo y responsabilizar a factores externos, cuando en realidad el conflicto también se halla dentro de nosotros.

Cuando la rutina invade la vida cotidiana, la relación sexual de la pareja puede verse afectada y aparecen las diferencias en cuanto al deseo hacia el otro.

Muchas veces, la falta de iniciativa puede ocultar conflictos más profundos. Se puede esperar a que el otro tenga la iniciativa, e incluso recriminarle que la haya perdido, para ocultar que nosotros no la tomamos. Puede que no aceptemos bien los cambios que notamos en el deseo hacia el otro.

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