Se llama Sebastián Romero, es de Santa Fe y desde el martes está prófugo de la Justicia. Rápidamente fue bautizado como el “hombre del mortero” y su imagen, seguramente, perdurará con el paso de los años como la vívida representación de la barbarie desatada frente al Congreso de la Nación un lunes de diciembre. Romero es, en suma, la representación de la Argentina que ya nadie quiere.
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