La historia se repite, tristemente, desde al menos 2001. Diciembre, cierra siempre caliente el gastado año que se va.
Casi siete mil efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, más agentes de fuerzas federales, patrullan las calles de la zonas calientes de Conurbano en prevención de saqueos y otros tipos de desmanes. El viernes una mujer de 33 años resultó detenida acusada de incitación a promover desmanes a través de las redes sociales.
Aquí, en la Región, dos centenares de personas se congregaron frente al Bingo de diagonal 80 reclamando la entrega de bolsones de comida; una veintena de adolescentes atacó un supermercado de Villa Catella, donde hubo detenidos. El viernes un ataque similar ocurrió en un super de La Granja.
Fue más que gráfico el dueño del primero de los nombrados. “Es lo de todos los años”, dijo.
Todo en el corolario de una semana que amaneció con la barbarie instalada frente a las mismas puertas del Congreso de la Nación, donde una turbamulta intentó, con una salvaje pedrea, impedir el funcionamiento de uno de los tres poderes de la República.
En La Plata, l a “batalla” con los ambulantes , mientras tanto, tenía idas y vueltas en medio de la confusión de los vecinos que, a esta altura del partido, ya no aciertan a comprender como podrá terminar esa historia.
Los operativos para la erradicación de la venta ilegal de mercadería arrancó a toda furia. Personal de Control Ciudadano, la Policía Local, Afip, Migraciones y la Policía Bonaerense salieron a la calle con la intención de “comerse crudos” a los chicos. Mucho no duró.
El jueves por la tarde a duras penas unos pocos agentes municipales terminaron rodeados por un grupo de ambulantes en la esquina de 7 y 47. La Bonaerense demoró en llegar al lugar más que los tanques del general Alais.
Desde el municipio se insiste con que están a la búsqueda de un predio para instalar a los manteros.
Al vecino experimentado en estas cuestiones, sin embargo, se le ocurre que la resolución irá por otro camino.
Falta una semana para la finalización del año. No es momento propicio como para andar generando caos en las calles del centro, más aún teniendo en cuenta el clima ya de por si caliente de las últimas jornadas.
El 1 de enero, probablemente, gran parte de los ambulantes partan hacia las playas de la Costa, donde habrá mejor mercado.
Es decir, seguramente habrá que esperar a marzo para que alguien se anime a ponerle el cascabel al gato.
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