Y finalmente una vez más fin de año llega con el dólar recalentado. La sumatoria de viajes de vacaciones, compromisos en moneda extranjera que deben cancelarse, pérdida de rentabilidad en las colocaciones en pesos y cambios regulatorios que hicieron menos atractivo seguir ingresando billetes para hacerlos jugar en las Lebacs, hizo que en la semana la moneda estadounidense se disparara algo menos de 59 centavos para cerrar el viernes a $ 18,33.
Una variación que no disgusta para nada a las autoridades monetarias ni a los responsables de Hacienda y Finanzas, pero que se observa siempre con algún grado de temor por parte del público en general.
Es más, apenas unos domingos atrás se advertía sobre otro clásico argentino, la sobrevaluación del peso, más preocupante aún que esta corrida del dólar, que en definitiva no es más que la corrección de un valor sumamente atrasado.
El tipo de cambio está traccionado por una mayor demanda de bancos, empresas e inversores ante la posibilidad de que el Banco Central inicie una baja gradual de las tasas de interés a partir de enero, a lo que se suman las órdenes de compra por cobertura de posiciones y para atender obligaciones con el exterior ante la proximidad de fin de mes.
Esta semana, el Banco Central de la República Argentina mantuvo en la última licitación del año la tasa de rendimiento de sus Lebacs para el plazo más corto en 28,75%, pero con la renovación parcial sobre un vencimiento de $ 422.450 millones, dejó una expansión de liquidez de 118.171 millones de pesos.
Esta fuerte inyección de liquidez al circuito financiero a escasos días de terminar el año no pudo ser neutralizada por la captación de pesos que hizo el Gobierno a través de las Letras del Tesoro. De todas formas, los observadores aseguran que aún así, el dólar está rindiendo por debajo de los valores de la inflación y aún de las colocaciones en pesos como las Lebacs, lo que también explica la suba de la semana. Lo cierto que lo más preocupante es el salto del rojo de cuenta corriente que llegó a los 8.683 millones de dólares con un salto interanual del 200 por ciento, en gran parte explicado por el salto de importaciones y las exportaciones amesetadas.
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