No puede sino causar profunda inquietud el informe periodístico publicado en este diario, que reflejó las carencias que padecen los comedores escolares de la Provincia, descriptas además en un trabajo elaborado por la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, organismo que realizó un relevamiento sobre el Servicio Alimentario Escolar (SAE) en 101 establecimientos educativos, 58 del Conurbano y 43 del interior. Por cierto que las conclusiones ofrecidas resultan alarmantes, en una situación que no sólo debe suscitar preocupación en las autoridades responsables, sino el reclamo de que impulsen las más perentorias de las soluciones.
El núcleo del informe dejó a la vista que en el corriente año, la demanda sobre los comedores escolares -esto es, la cantidad de chicos que asistieron a ellos- experimentó un crecimiento de casi el 85 % con respecto a los períodos anteriores, en tanto que los alimentos disponibles para brindar el servicio no alcanzaron para todos.
Entre las conclusiones del trabajo se detalla que la mayor concentración de cupos faltantes para la modalidad comedor se concentra en distritos de la región del Gran Buenos Aires, situación que es compartida por escuelas de distritos del interior, como General Pueyrredón y La Plata. Asimismo, se destaca que se trata de instituciones que cuentan con gran cantidad de matrícula, en general tienen cooperadoras muy pobres y deben hacer frente a la mayor demanda producto de las condiciones socioeconómicas y del cierre de comedores barriales.
Se dice también desde la Defensoría que, si bien la cobertura de la modalidad DMC (desayuno-merienda completo) es amplia, es preciso señalar la relevancia del número de cupos faltantes, ya que indica la cantidad de niños escolarizados que están fuera de esta cobertura. Esto trae como consecuencia un esfuerzo por parte de los equipos directivos, auxiliares de cocina y cooperadoras para distribuir equitativamente los recursos. La creación de la modalidad de DMC como prestación básica universal se estableció en 2004 y aún hoy el objetivo no se ha logrado, señalaron.
Se ha dicho ya en años anteriores en esta columna que no admite falencias ni recortes el servicio que deben prestar los comedores escolares en la Provincia. Una disminución del servicio, en este caso, puede generar daños irreparables y emergencias realmente dramáticas en muchas familias.
Es imperioso, por consiguiente, que el Estado provincial revierta estas falencias que afectan a los comedores escolares. Es verdad, también, que no se podría ignorar que las escuelas públicas de los primeros niveles han ido acrecentando sus roles en los últimos tiempos, dejando de ser establecimientos en los que sólo se imparten conocimientos educativos para ir convirtiéndose en verdaderos núcleos de asistencia social, comprometidos íntimamente en cuestiones socioeconómicas, fundamentalmente asistenciales y sanitarias. De allí mismo la importancia vital que tienen los comedores escolares y el corolario de que, si hay algo que no puede reducirse o postergarse, es la alimentación de chicos que viven con angustiantes necesidades.
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