La reiteración de jornadas de calor y el anuncio de que seguirán las altas temperaturas deberían servir para subrayar la necesidad de que la población tenga presente y atienda las recomendaciones para no sufrir los efectos propios del calor. En los últimos días las temperaturas máximas se mantuvieron por encima de los 30 grados, llegándose a picos de 35 como el que este previsto para mañana.
Si bien se alude con insistencia al denominado cambio climático como causante de una elevación de las temperaturas, en un fenómeno que se habría intensificado en la última década, también es cierto que los meteorólogos detallaron que la ola de calor más intensa fue la llamada “semana de fuego”, que se presentó entre el 1° y el 8 de febrero de 1900 y que dejó por saldo decenas de muertos en la Ciudad. Indicaron que se conformó con ocho días seguidos, en los que el más fresco no bajó de 24 grados y todos los demás tuvieron mínimas de 27 y máximas de 37. Recordaron que en aquel caso de hablaba de temperatura propiamente dicho, no de sensación térmica que aun no existía como medición.
A pesar de haber pronósticos de tormentas en la Región, los datos ofrecidos por el Servicio Meteorológico demuestran que sólo habrá disminuciones parciales de la temperatura y que la ola de calor se mantendrá durante varios días.
Debiera consignarse que la ola de calor puede afectar a toda persona saludable y no sólo a los grupos de riesgo. Como se sabe, el golpe de calor es la más grave consecuencia de la prolongación de las altas temperaturas y, desde luego, puede resultar más severo cuando los afectados son bebés, niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.
Desde las áreas médicas se aconseja prevenirlo con hidratación permanente -incluso si no se tiene sed-; ropa liviana; dejar de exponerse al sol entre las 10 y las 16 y no realizar actividad física de alto impacto. Las señales del golpe de calor varían de una persona a otra, pero suelen incluir una temperatura corporal elevada -por encima de 39.5 grados-, dolor de cabeza, náuseas, mareo y piel enrojecida, caliente y sin sudor.
Es evidente que en muchos casos las simples exposiciones solares, además de impulsar mecanismos de prevención y de eventual tratamiento, el Estado debería ocuparse de modificar estructuralmente el hábitat muchas veces inhumano, en el que viven miles de niños y ancianos obligados por las circunstancias.
Se habla de familias numerosas, integradas muchas veces por ciudadanos que carecen de posibilidades de acceder a condiciones de vida más dignas, en situaciones que no colaboran para que puedan adoptar recaudos preventivos mínimos.
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