“Quiero agradecerle a Trump por hacer que la gente negra sea No. 1 en la lista de los más oprimidos. Él probablemente es la razón por la cual yo estoy hoy aquí”, disparó Donald Glover a principios de año, con un Emmy en la mano producto de su trabajo como actor en “Atlanta”, la serie que también escribió y dirigió y que se convirtió en la gran sorpresa cómica de la temporada, en medio de una Estados Unidos que vuelve a estar convulsionada (¿dejó de estarlo alguna vez?) por el fantasma del racismo.
Glover craneó una serie imposible de encasillar: coqueteando entre el surrealismo y la melancolía de “Louie” y el realismo sucio de la vida con dos monedas en el bolsillo, utilizó la probada historia del ascenso a la fama de un rapero para disparar contra el progresismo, la industria musical, los problemas raciales, los estereotipos y las presiones sociales, todo con un humor seco, sutil, casi silencioso. La ambiciosa propuesta del ascendente actor le valió el Globo de Oro como mejor comedia
Aclamada por la crítica internacional debido a un enfoque estético y temático original e inusitado para una comedia de situaciones televisiva, aunque poco vista en Argentina, a pesar de su paso por Fox y Cablevisión Flow, “Atlanta” llega ahora a la pantalla de Netflix para relatar la vida de dos primos que buscan abrirse camino en la escena musical con el fin de mejorar sus vidas y ayudar a sus familias. Sin embargo, sus percepciones totalmente opuestas acerca de los negocios, el arte y el éxito no harán nada fácil el camino.
Glover recurre a su propia infancia y juventud en Atlanta para mostrarnos la ciudad y su población de color desde un punto de vista extrañado: Atlanta se vuelve surreal, un mundo dominado por el fantasma omnipresente pero silencioso del racismo que deforma todas las experiencias, y tiñe de irracionalidad el mundo. Los personajes que habitan la ciudad norteamericana apenas pueden entregarse a esas situaciones sin sentido, habitarlas como personajes trágicos y absurdos que esperan la fama, la realización o a Godot. El surrealismo coquetea con el nihilismo: no hay discursos emancipatorios, sino un sinsentido que reemplaza a la racionalidad que domina el discurso oficial estadounidense y a la idea de progreso que domina el sueño americano.
En los 10 episodios de media hora que componen la primera temporada, este “dramedy” gira en torno a Earnest “Earn” Marks (Donald Glover), quien regresa a su ciudad natal luego de abandonar la universidad. A su llegada, ciertos contratiempos y la falta de empleo estable generan fricciones con su familia, quedando nómade y sin hogar.
Inteligente, observador y desesperado, pronto descubre que su primo Alfred (Brian Tyree Henry, “Boardwalk Empire”), se ha convertido en la nueva estrella del rap de la ciudad gracias a un hit que se viraliza en las redes. Earn entiende que la súbita popularidad en internet de Alfred tiene el potencial de cambiarles la vida a ambos. Pero deberá luchar con la actitud de “actuar primero, pensar después” de su primo y acostumbrarse a su extraño amigo Darius (Lakeith Lee Stanfield, “Straight Outta Compton”; “Selma”).
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