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La Cruz es salvífica

Por Redacción

Por DR. JOSÉ LUIS KAUFMANN
Monseñor

Queridos hermanos y hermanas.

La Cruz es el emblema del cristianismo, ya que resume en su figura la obra de la redención del mundo hecha por Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre nacido de María Virgen por obra del Espíritu Santo. La Cruz es el gesto más elocuente, más frecuente, más popular del culto cristiano.

Jesús murió en una Cruz, en un instrumento de suplicio, entregando su vida al Padre como víctima de propiciación y redención. En aquel tiempo, ese instrumento de condena a muerte tenía la forma de T, y como tal se empleó hasta el siglo IV después de Cristo.

Para los primeros cristianos el culto de veneración de la Cruz era algo lógico y natural, y no temían decir que profesaban “la religión de la Cruz”.

La Cruz ha sido raudamente difundida y muy venerada. Aparece en las catacumbas, pintada y grabada por los primeros cristianos, en sarcófagos y muros. El culto de veneración a la santa Cruz ya se insinúa en las apologías del siglo II, cuando los llamados Padres Apostólicos, defienden a los cristianos de la acusación de idolatría.

Ya en el siglo III, se tiene noticia por Tertuliano que el signo de la Cruz se hacía con un solo dedo o uniendo el pulgar y el índice de la mano derecha y se trazaba sobre la frente de cristiano.

Los antiguos cristianos no omitían ese gesto de fe al levantarse, al entrar y salir de sus casas, al vestirse, al comer y al encender la lámpara. En el siglo IV san Cirilo de Jerusalén dice que los cristianos no sólo signaban sus frentes, sino todas las cosas.

El signo grande de la Cruz, que se traza desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho, según la costumbre actual, se generalizó probablemente hacia el siglo X

Desde la paz de Constantino van aumentando las representaciones de la Cruz, y a partir del siglo IV los cristianos llevan una Cruz colgada al cuello y el uso de la Cruz pectoral parece extendido en el siglo V. Cuando los paganos se convertían al cristianismo adornaban las fachadas de sus casas con una Cruz.

En los siglos VI y VII ya existía la costumbre de bendecir con una Cruz, lo que explica las diferentes formas de Cruz que llevan los mosaicos y las pinturas bizantinas de personajes eclesiásticos.

El signo grande de la Cruz, que se traza desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho, según la costumbre actual, se generalizó probablemente hacia el siglo X.

En el medioevo no se comenzaba ninguna escritura pública, ninguna inscripción ni ley, sin haber trazado primero el signo de la santa Cruz.

El culto de la veneración de la Cruz se fundamenta en la estrecha relación de ella con la divina Persona del Redentor, y no sólo como instrumento en el que cumplió su obra de salvación universal.

Después de casi veinte siglos, la fuerza de la Cruz parece haberse debilitado para ciertos cristianos que se limitan a usarla como un adorno sin asumir las consecuencias. Sin embargo, la Cruz sigue siendo el signo que nos identifica y nos exhorta desde su majestuoso silencio para los que vivimos a su amparo.

La Cruz - ¡gloriosa Cruz! - también es signo de la Misericordia de Dios, ya que nuestros pecados pueden ser perdonados precisamente por esa divina Misericordia y recibiendo la absolución por medio de las palabras sacramentales y el signo de la bendita Cruz.

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