Un médico que salvó vidas en Siria y un hombre que preparó miles de comidas para soldados estadounidenses en Irak estaban entre los que vieron sus vidas lanzadas a un limbo cuando un decreto del presidente de EE UU, Donald Trump, prohibió la entrada en el país a los viajeros de siete países de mayoría musulmana (Irak, Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia y Yemen). El decreto dejó varadas en países de todo el mundo a personas con visas válidas, y en algunos casos separó a madres de sus hijos pequeños y a maridos de sus esposas.
“Me quedé en shock. Ella tiene una visa y le dicen que no puede ir”, afirma Ahmed Ali, hablando por teléfono desde un hotel en el país africano de Yibuti después de que las autoridades impidieran que su hija de 12 años, Eman, subiera con él a un avión hacia EE UU. Ali, su esposa y sus dos hijos mayores son ciudadanos de EE UU, pero Eman nació en Yemen y ha vivido allí con sus abuelos. Ali, de 38 años, vive en Los Banos, California, y es encargado en un local de comidas. Después de cinco años de esfuerzos, el jueves pasado consiguió una visa para Eman. Pero el sábado, cuando intentaron viajar, ya no era válida.
LA HISTORIA DE KHALED
Otro que tampoco pudo regresar es Khaled Almilaji, un médico sirio que estudiaba con una beca en la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island, un posgrado sobre cómo reconstruir el sistema sanitario de su país. Su esposa embarazada sigue en EE UU, señaló, mientras que él está en Turquía. “Es muy triste la dirección que está tomando el mundo”, dijo Almilaji, que arriesgó su vida para brindar asistencia médica durante la guerra civil siria y coordinó una campaña que vacunó a 1,4 millones de niños sirios.
Entre los bloqueados por el decreto de Trump también está Luey Rabban, cocinero en un restaurante de Bagdad y que recibió estatus de refugiado en EE UU hace unos ocho meses. Quería emigrar y visitar a su hermano en El Cajón, un suburbio al este de San Diego, California, en el que se han instalado muchos cristianos iraquíes que huyen de la violencia y, más recientemente, refugiados sirios. Rabban, que sirvió comidas a las tropas de EE UU en el aeropuerto de Bagdad entre 2003 y 2011, dijo que un militar estadounidense lo ayudó a iniciar su solicitud de asilo hace seis años.
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