Nacidos en Japón en 1995 con la idea de hacer más amenos y divertidos los mensajes de una empresa de radiollamadas, los emojis tuvieron su explosión popular cuando Apple los introdujo en el universo iPhone. Ni bien desembarcaron en el producto de la manzanita, las caritas y dibujitos empezaron a conquistar miles y millones de pantallas. No sólo podían ser utilizado por otros sistemas operativos sino que además barrían con las invisibles fronteras del lenguaje escrito y con el sistema binario de emociones que proponían sus primos hermanos, los emoticones: un triste-contento limitado a dos puntos y un paréntesis. Fue tal el crecimiento de este lenguaje global que hasta existe una versión del clásico Moby Dick hecho en emojis. Emoji Dick, tal su nombre, fue creado por Fred Benenson, quien usando un programa especial tradujo las veinte mil oraciones del libro.
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