Si bien la inflación del mes de enero terminó por debajo de lo esperado, subsisten numerosos interrogantes, entre los cuales claramente se destaca la duda acerca de si el Gobierno podrá cumplir con sus metas de inflación.
Como se recordará el Gobierno fijó la meta para todo el año entre un 12 y un 17 por ciento, que de acuerdo a las proyecciones privadas parecía lejos de poder cumplirse.
Es que la mayoría de las consultoras habían estimado la inflación de enero entre un 1,6 y un 1,8 por ciento, índices que anualizados representaban subas de entre 23,9 y 26,8, según un trabajo de la consultora Economía y Regiones, claramente por encima de la pauta oficial. Además las consultoras también proyectaban subas del 2,0% para febrero por el impacto en especial de la suba de las tarifas eléctricas.
Lo cierto es que la inflación de enero terminó por debajo de lo esperado. Según el Indec, los precios al consumidor en el Gran Buenos Aires aumentaron un 1,3% el mes pasado, es decir, 1 décima por encima del registro de diciembre. Sin embargo esta cifra fue inferior a la registrada por los legisladores del Frente Renovador y de Progresistas en el Congreso, en base a datos privados que hicieron subir la pauta a un 1,6 por ciento. También fue mayor la medición estadística en la Ciudad de Buenos Aires, que trepó a un 1,9 por ciento.
Estos datos están por debajo de lo anticipado, ya que la última proyección del REM (las expectativas de inflación que mide el Banco Central) para enero arrojaba una suba de 1,7% mensual para el nivel general del IPC (y la estimación de Management & Fit era de 1,8%) y de 1,5% para la inflación núcleo.
ESCEPTICISMO
De todos modos, el año arrancó como lo terminó el 2016: con escepticismo respecto al cumplimiento de la meta oficial del 17% en un año electoral y en medio de un proceso de ajuste de precios relativos (tarifas).
De acuerdo a los relevamientos en el interior del país, los precios aumentaron relativamente poco.
Por cierto, las mediciones en Mendoza arrojaron un alza promedio de 1,2% mensual, mientras que en Córdoba fue de 1,5% (es decir un 32,3% interanual). Según los datos de alta frecuencia relevado por Pricestats, los precios promediaron una suba de 1,6% aunque se movieron de menor a mayor, cerrando el mes con variaciones de 2,2%.
Más allá del dato de enero, el proceso de desinflación parece avanzar a un ritmo más lento a lo deseado por el Banco Central. Sumado a ello, las expectativas se mantienen (21% anual según el REM, versus 17% que es el máximo de la meta). Esto justificó la decisión de la autoridad monetaria de mantener inalterada la tasa de interés de referencia en 24,75% por décima semana consecutiva.
Existen varios desafíos por delante en materia inflacionaria para el corto plazo. A las subas puntuales y estacionales de enero se sumarán en febrero y marzo nuevos aumentos. En concreto, la actualización en el precio de la energía eléctrica y los incrementos en medicina prepaga, peajes, cigarrillos, telefonía celular y educación figuran entre los más importantes. Esto dejaría como resultado un piso de al menos 1,5% para la inflación mensual.
Del otro lado, la tranquilidad del tipo de cambio y el impacto de los precios transparentes ayudarían con la desinflación.
Y si de cumplir con las metas se trata, el Banco Central tendría una ayuda extra si el Indec
logra publicar un nuevo IPC Nacional (tendría limitado el efecto “tarifas” del área metropolitana). De todas formas, las próximas paritarias serán el factor que termine por inclinar la balanza, facilitando (o comprometiendo) la
desaceleración de los precios y, por ende, un posible éxito (o fracaso) oficial en unas metas de inflación que pueden ser decisivas para los próximos comicios legislativos de octubre.
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