Las motivaciones políticas que tienen los sindicalistas pueden tornarse más evidentes en un año electoral. Si juegan con el gobierno de turno o apuntalan a la oposición, queda a la vista de todos. Pero los posicionamientos de los gremialistas nunca son tan lineales. Días atrás, en el salón Felipe Vallese de la CGT, se dio una situación muy particular. Allí convivieron dirigentes ultra K como Hugo Yasky con otros que adhieren al massismo, como el triunviro Héctor Daer. Ambos se unieron para apoyar el conflicto docente, pero quedó claro que no juegan el mismo “partido político”.
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