El ex presidente de Perú, Alejandro Toledo, con orden de captura en su país acusado de haber recibido millonarias coimas de la constructora brasileña Odebrecht, denunció ayer ser víctima de una “caza de brujas”, pero no aclaró dónde se encuentra (se presume que sigue en EE UU donde trabaja en la Universidad de Stanford), mientras el actual mandatario, Pedro Pablo Kuczynski, agradeció a Israel su decisión de impedirle ingresar, y pidió a su par estadounidense, Donald Trump, que facilite su deportación. Cabe señalar que existe un tratado de extradición entre Perú y EE UU.
Tres días después de que Perú solicitara judicialmente su detención, Toledo pidió en redes sociales que le respeten su presunción de inocencia y negó haber cometido los delitos que le imputan. Estos son tráfico de influencias y lavado de activos por supuestamente haber recibido 20 millones de dólares en sobornos de Odebrecht, a cambio de favorecerla en la licitación de la Carretera Interocéanica del Sur, que recorre el territorio peruano desde la costa del Pacífico hasta Brasil. La Justicia peruana consideró que hay indicios suficientes para pensar que Toledo intervino en la contratación de Odebrecht en esa obra, y ordenó que sea detenido de manera preventiva por 18 meses mientras sigue la investigación. Toledo calificó a esa decisión de “infamia”, afirmó que llamarlo “fugitivo” es una distorsión maquiavélica y condicionó su presencia en el proceso a que no lo prejuzguen culpable.
Ahora el gobierno peruano debe mandar toda la documentación requerida por el Departamento de Justicia de EE UU para que este país pueda tramitar una orden de detención en su territorio. Toledo es la primera gran figura de la política peruana inculpada por el caso Odebrecht, empresa que admitió a la Justicia de EE UU haber pagado 29 millones de dólares en coimas a funcionarios peruanos entre 2005 y 2014, período que comprende los gobiernos de Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016).
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