Que en La Plata se comience a hablar del concepto de “Prioridad peatón” ya es un adelanto porque significa que en la Comuna, al menos, alguien piensa en una reformulación del espacio público acorde con una ciudad moderna y en permanente evolución.
Veredas más anchas y amigables, mayores espacios para disfrutar y mirar la ciudad de otra manera, son ejemplos que desde hace años se imponen en las principales urbes de América latina.
Aquí, sin embargo, se avanza en ese sentido pero sin haberle dado solución (que se sepa) a dos temas acuciantes: el incentivo para el uso de bicicletas y el estacionamiento de vehículos particulares. Si se ensanchan las veredas es lógico suponer que habrá menos espacio para los autos. Lo que no está mal, siempre y cuando al vecino se le ofrezcan alternativas válidas. Desalentar el uso del auto también resulta una idea plausible, pero siempre y cuando el transporte público, por ejemplo, sea de tal calidad que valga la pena el cambio.
Darle prioridad al peatón no puede quedarse en un atractivo eslogan de campaña. Merece un esfuerzo adicional porque la aplicación de ese concepto debe ser una recompensa y no un castigo. Todavía se está a tiempo.
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