Melisa y Gustavo se conocieron hace un año y medio. Los dos trabajan en el mismo banco y en una fiesta de fin de año hablaron por primera vez. Cuando la atracción mutua resultó evidente y las charlas se tornaron frecuentes, Gustavo recibió un ascenso y lo trasladaron a San Juan. La separación impidió que formalizaran la relación, pero ellos siguieron en contacto. Después de un año, Gustavo, motivado por el amor a Melisa, volvió a pedir el traslado y tras conseguirlo se pusieron de novios. Por políticas de la empresa en relación a las parejas, los ubicaron en distinta sucursal. “A nosotros nos vino muy bien porque ya vivimos juntos y trabajar en espacios distintos nos da un poco de aire. Por otro lado, como trabajamos para la misma empresa cuando nos contamos las cosas laborales nos entendemos perfectamente”.
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