Tras luchar contra una grave enfermedad, murió ayer un emblema del rock platense: Caio Armut.
Las muestras de dolor se sucedieron sin pausa durante toda la jornada, como si siguieran el ritmo que Caio le imprimía a su vida y le contagiaba a sus amigos y conocidos.
Fue una persona tan particular, que se convirtió casi en sinónimo del rock local pese a que jamás tocó un instrumento.
Organizador de eventos, presentador e inimitable animador, fue pionero en la Ciudad en llevar bandas a tocar a las cárceles.
Su peinado con gomina fue marca registrada, hasta que cambió por el corte rockabilly con un alto jopo.
Campera de cuero, chupines y la moto Vespa eran avisos inconfundibles de que llegaba Caio.
Organizador del Pura Vida Solidario, un maratón de recitales benéficos; integrante del equipo La Plata Calling -evento internacional en el cual se rinde tributo a la banda The Clash en numerosas ciudades del mundo al mismo tiempo-, o en la cárcel acercando el rock a los presos. Su presencia era imponente.
“Fue la llegada de Queen a la Argentina en el ‘81 la que generó un quiebre en mí”, dijo hace un tiempo. “Ni qué hablar el haber escuchado Zenyatta Mondatta de The Police”, agregó. Y pasando a la escena platense, remarcó aquel momento en que aparecieron los hermanos Moura y compañía: “Los Virus fueron una explosión de placer y diversión que a todos nos alegró”, recordó.
La gran crisis del 2001 lo fundió. Pero se rehizo y lo agradeció. Vendía chicles y compraba y vendía oro. Hasta que comenzó a ganarse la vida arreglando computadoras y otros chiches.
Todo lo demás siempre lo hizo por vocación. Los músicos platenses hasta lo convirtieron en una suerte de mito. “Caio trae suerte”, decían.
Se fue. Pero su recuerdo quedará para siempre entre los rockeros de la Ciudad.
Llegarán merecidos homenajes y, quizás, mucho más.
Porque ya es parte de la historia del rock de acá.
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