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La Academia: ¿Favorece las películas conservadoras?

Por Redacción

Un cambio reciente en el sistema de votación ofrece una de las claves por la cual cada vez más cintas “agradables” al gran público y de poco riesgo ganan el preciado trofeo a mejor película del año

¿Alguna vez te preguntaste por qué tantas películas ganadoras de Premios de la Academia como mejor filme te resultaban algo sosas, entretenidas pero predecibles, mediocres?

La pregunta que suele responderse aduciendo a los “gustos” de un jurado compuesto en gran porcentaje por personas que superaron los 60 años y que no están en contacto con las tendencias cinematográficas nuevas, podría tener una explicación: el sistema de votación mediante el cual se eligen los ganadores cada temporada podría favorecer cintas que no despiertan polémicas por sobre películas capaces de polarizar a la audiencia, favoreciendo un tipo de cine conservador en lugar de filmes rupturistas.

La Academia cambió su sistema de votación en 2009, pasando del simple “voto popular” (ganaba la película con más votos) al voto por eliminación: cada miembro de la Academia ordenaba las nominadas según su preferencia, y a medida que las cintas menos populares se iban descartando, sus votos iban siendo heredados por otras películas según el orden de prioridad de cada votante.

El cambio de sistema respondió a un intento de la Academia para intentar que fueran galardonadas las cintas con mayor consenso, aunque la consecuencia fue que las películas que más opiniones polarizan desaparecieron inmediatamente del radar.

Así, comenzó el fenómeno de triunfos de películas hechas para deleitar a audiencias y críticos, películas sin riesgo que los votantes colocaban en segundo o tercer lugar en su “tabla de posiciones”, pero que quizás no fueran la primera elección de casi ninguno de los votantes.

RESISTENCIA

El fenómeno, claro, no es total: los votantes pueden simplemente estar de acuerdo sobre qué película es valiosa en cada temporada, aunque desde la implementación del nuevo sistema de votación la tendencia parece favorecer a cierto tipo de cine masivo, de poco riesgo y mensajes inspiradores: “El discurso del rey”, “El artista” y “12 años de esclavitud” se coronaron en años donde convivieron con cintas muy bien valoradas como “Red Social”, “Inception”, “Los descendientes”, “El lobo de Wall Street” o “Dallas Buyers Club”; pero también es cierto que cintas orientadas a un público más especializado, que se corrieron explícitamente de la convención de la industria, como “Birdman”, también consiguieron triunfar.

Debido a que el proceso también es utilizado para nombrar a los nominados, este año fue severamente atacado luego de que “La La Land” se alzara con 14 nominaciones, alcanzando las alturas históricas de “Titanic”. Resulta difícil que la cinta de Damien Chazelle se alce con 11 de los 13 premios por los que opta (tiene dos entradas para el Oscar a mejor canción), pero es evidente que la perfección técnica de la cinta le permitió sumar nominaciones en categorías como mejor edición, vestuario o fotografía, donde no es favorita, que le permitieron alcanzar el récord de más cantidad de nominaciones.

La increíble cantidad de opciones para el filme le terminaron jugando en contra, con numerosos críticos levantando la voz contra la relevancia histórica de “La La Land” frente a cintas como “El Padrino”, por ejemplo, que no tuvieron el mismo reconocimiento de la Academia, y aún cuando esos mismos especialistas aplaudían la película de Chazelle.

Sin embargo, creen resignados que el sistema de votación terminará irremediablemente coronando a “La La Land” por sobre otras propuestas con menor capacidad de agradar a la gran audiencia (y por ende, a más cantidad de votantes) como “Moonlight” o “Manchester by the sea”: probablemente varios votantes tengan a una de estas dos cintas primeras, pero muchos la tendrán entre las últimas (son films arriesgados, polarizantes); y la mayoría, claro, tendrá a la deliciosa (pero ojo: en absoluto edulcorada) cinta de Chazelle en el segundo o tercer lugar.

Que el sistema de votación incida sobre qué película tiene más chances de ser elegida como mejor del año tiene un costado positivo: revela la arbitrariedad de todo el proceso de premiación bajo el cual, lamentablemente, se toman muchas decisiones en la industria.

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