Cuentan que en la casa de Concepción y Pablo instalaron rejas hace pocos años, en coincidencia con una época en la que la inseguridad se había disparado.
El robo que ellos padecieron en Navidad pareció estudiado, planeado y ejecutado con guantes en las manos: “Nunca encontraron huellas” en las pericias, comentó la cuñada de la mujer.
Aunque se trató de un caso atípico entre los que se registran en el barrio, sucedió en un contexto de inseguridad creciente. “Antes era por olas. Robaban mucho una semana y después se calmaba. Ahora es constante desde el año pasado”, opinó Mariana, que vive en la misma cuadra de las víctimas.
“Después de las diez de la noche es complicado andar en la calle. Además, el problema es que no se puede hacer la denuncia porque si no, te tenés que mudar. ‘Chorros’ hubo siempre acá, pero antes tenían otros códigos y cuidaban a la gente del barrio”, sentenció Rodrigo, empleado de una ferretería cercana.
En la planta alta de ese local viven algunos familiares de las víctimas. Se excusaron de hablar con EL DIA al decir que continúan muy dolidos.
En un sector de La Granja que se extiende hacia la calle 516, la inseguridad arreció con mayor virulencia en las últimas semanas. Hace poco se convocaron los vecinos para organizarse en el pedido a las autoridades por más prevención. Los escruches en casas desocupadas por un rato y los arrebatos en la calle figuran como los tipos de delito que más se repiten.
Un robo sobre calle 141, donde ingresaron en una vivienda, figura entre los episodios más recientes.
Aunque la inseguridad no es algo raro en La Granja, el doble crimen igual generó tristeza y dejó a muchos conmovidos por haber perdido a dos vecinos queridos.
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