Según los datos manejados por la Asociación de productores Hortícolas del Gran La Plata, todos los productores registraron destrozos tras el temporal del 5 de febrero, algunos de hasta el 50% de sus cubiertas. Un infome del la agencia local del INTA indica que, en general, se dañó el 80% de los invernaderos. Y también hubo cultivos arruinados por el viento, que castigó a la zona en un momento clave para producciones de ciclo largo como, por ejemplo, el tomate.
Para Pablo Coltrinari, presidente de la mencionada Asociación, el tiempo que demore en recuperarse el sector va a depender de la ayuda que reciba y del esfuerzo de los propios horticultores
“Hay productores que corren un serio riesgo de no poder recuperarse”, dice Coltrinari.
Frente al planteo de ambientalistas que destacaron que el cordón hortícola platense es especialmente vulnerable frente al cambio climático por la falta de renovación de su tecnología, entre otros factores, el dirigente indica que la adopción de tecnologías mas modernas no está hoy al alcance de la mayoría de los horticultores de la zona.
“Los invernáculos con estructura de metal, más modernos, son franceses o españoles y están atados al costo del dólar, Los últimos que se pusieron en la zona son del 2010, 2011, a lo sumo. Cuando el dólar comenzó a subir se hicieron inviables. Hoy son mucho más caros que uno tradicional con estructura de madera”, indica el dirigente.
Con todo, Coltrinari tampoco está seguro de que renovar los invernáculos haga más resistentes a las instalaciones frente a tormentas como la del 5 de febrero.
“El invernáculo de metal lleva un nylon que es más resistente, le hace más fuerza al viento y así es probable que la estructura se dañe. No es raro ver por los campos estructuras de metal que cedieron frente al viento. El invernáculo de madera lleva un nylon menos resistente, que se embolsa con el viento y en la mayoría de los casos sólo se vuela el techo. Se usa como un fusible. Aunque muchas veces también cede la estructura”, indica el dirigente,
Reconoce, no obstante, que hay una preocupación creciente en el sector por los efectos del cambio climático, que no se limitan al viento: también resgitran una disminución de la disponibilidad de agua durante las olas de calor por la reducción del nivel de las napas.
En ese contexto, algunos posibles recursos empiezan a ser considerados.
“Uno de ellos es el de la cortina vegetal -hecha con casuarinas o pinos- que mitigue los efectos del viento. Hoy las usan solamente los productores de kiwi. Y aunque podrían resultar útiles, también es cierto que son costosas y que obligarían a ordenar la forma en que están dispuestos los invernáculos en cada explotación”, dice Coltrinari.
Con relación a la disminución de los niveles de agua en las napas, es un problema que se onserva cada vez con más frecuencia cuando hay olas de calor.
“Esto por ahora lo resuelve cada productor racionalizando el recurso, pero hay que tener en cuenta que la cantidad de quintas ha crecido mucho”, dice el dirigente.
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